Andrés Aberasturi – El peligro de escorarse.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Insistir en el estrepitoso fracaso de las previsiones o elucubrar más sobre el resultado de las elecciones andaluzas -de las asturianas poco hay que decir y lo diré más adelante- no va a conducir a nada de nuevo de lo que ya se ha dicho y escrito en estas 24 horas. Lo único que parece quedar claro es que Javier Arenas no es el aspirante ideal, Griñán celebra una derrota muy seria como si fuera un triunfo e Izquierda Unida se crece con los restos que recoge y habrá que ver si no surgen voces discrepantes en el seguro apoyo al PSOE en la Junta cuando empiecen a salir sentencias y a descubrirse nuevos escándalos que aún permanecen tapados.

Pero más allá de los resultados que siempre son fríos e interpretables desde muchas ópticas, uno se queda con los mensajes lanzados por no pocos analistas políticos sobre la radicalización del discurso del Partido Socialista frente a las reformas del Gobierno. A quienes piensan así, les vino a dar la razón la noche misma de autos Elena Valenciano que habló con un tono durísimo sobre las iniciativas del Ejecutivo -la reforma laboral- y la oposición frontal del PSOE que se ve ahora reforzada con los resultados de las elecciones andaluzas y asturianas. La prensa más cercana a Ferraz jalea estas posiciones beligerantes mientras que desde la otra trinchera, los aun perplejos amigos del PP anuncian sin cortarse un pelo la «helenización» de España, la cuesta bajo hacia el modelo griego en la que se ha metido el país con una comunidad tan importante como Andalucía gobernada por el PSOE pero con la obligación de mantener el apoyo de IU y con la devoción de haber comprobado que la oposición frontal y el «cuidado que viene la derecha a quitaros todo», sigue funcionando.

Y no sé yo. Porque instalado quizás en un guindo del que no quiero caer, entiendo que todo ese panorama de enfrentamiento puro y duro sería aceptable o posible hace ocho años pero muy difícil de mantener hoy con el país al borde siempre del precipicio económico. Vale que se hagan declaraciones excesivas; vale que la huelga anunciada se sienta más moralmente respaldada -lo cual no quiere decir que seguida, que eso ya se verá- sin la catástrofe anunciada en el Sur; vale todo eso y lo que cada uno quiera añadir. Pero resulta que Griñán, Rubalcaba, Rajoy, Mas y el resto navegan en el mismo barco que estamos todos y lo barcos no se hunden solo por la proa mientras la popa sigue como si nada. Aquí, si esto se va al garete, nos vamos todos y hace falta ser muy irresponsable para dejar que la cuerda se tense tanto como para que se rompa. Que hagan las declaraciones que quieran, que se tiren los trastos a la cabeza en las sesiones de control y esas cosas. Pero que, con o sin publicidad, se junten los dos grandes partidos y si es posible CIU y PNV y se pongan de acuerdo en ese mínimo denominador común que pueda salvarnos de la catástrofe también llamada rescate y que al Gobierno, por mucha sorpresa que se haya llevado en estas elecciones, no le tiemble el pulso a la hora de hacer los cambios necesarios. Ahora será más difícil, pero tienen mucho poder, muchísimo, aunque Griñán siga en la Junta.

Sobre Asturias poco que añadir a lo que en su día se dijo: ¿qué demonios ofrecía Cascos distinto de lo que ofrecía el PP y a qué venía convocar nuevas elecciones? Los egos excesivos siempre son malos y en política pueden terminar con quien los enseña demasiado.

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