Luis del Val – Amarguras y dulzuras.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Las resacas electorales dejan siempre sequedad de votos y mareos de futuro, y eso sucede tanto para el que ha celebrado una amarga victoria como para el que se acostó con la sensación de una dulce derrota, porque al día siguiente las amarguras atormentan el éxito y la dulzura del fracaso pierde azúcares a cada hora que pasa.

La inútil gloria de los socialistas en Asturias se hace evidente, aunque también es verdad que me pongo en la piel de Mercedes Fernández, y pensar que cada día, al levantarme, tendría que ponerme de acuerdo con Francisco Alvarez Cascos, y ya comienzo a sentir los primeros síntomas de ansiedad. Al sur, en Andalucía, la dulce derrota de Griñán le va a permitir sentarse en la poltrona de presidente de la Junta, pero no va a estar cómodo, porque notará, alrededor del cuello, el dogal de Izquierda Unida, que no está muy unida que digamos en Andalucía, y que ha sido la gran ganadora, la que se ha llevado el santo y la limosna, aunque los de IU no sean muy de santos.

Más aún, el PSOE no ha conservado el voto, ni le ha dado vueltas a las encuestas, ni creo que asuste la rancia amenaza de que viene la derecha, porque no funcionó en las anteriores. Creo que lo que ha ocurrido es que en el camino de navidades hasta la primavera el PP ha perdido casi medio millón de voluntades, que son muchas. Estudiar por qué ha sido será uno de los asuntos que les debe ocupar, de la misma manera que el PSOE debe iniciar la reconquista, y se equivocaría gravemente si el discurso antiguo de que, por mal que lo hagamos somos socialistas e impedimos que lleguen los conservadores, les parece que pueda ser válido para el resto de España.

Pero eso es algo que se ve más claro cuando se pasan los efectos de la resaca y la mente está más clara y se han pasado los mareos que producen la embriaguez de las urnas.

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