Carmen Tomás – Rajoy no se asusta


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

El sentido común exige a Rajoy que no se arrugue. No poder gobernar en Andalucía es más que un contratiempo y con el tiempo lo veremos, pero de ninguna manera puede suponer un parón en las reformas que la economía necesita para salir de la crisis económica e institucional que se recrudece con lo ocurrido este domingo en Andalucía y en Cataluña. El presidente del Gobierno ha dicho ya que no va a afectar al espíritu reformista que ha iniciado y que la prueba palmaria serán los Presupuestos generales del estado que el próximo viernes aprobará el consejo de ministros. No sabemos aún las cifras y las letras, pero algo se va filtrando. Rebaja drástica de los gastos de los ministerios, congelación de los salarios de los empleados públicos y reducción o eliminación de las deducciones en el Impuesto sobre Sociedades. Veremos las cifras. En todo caso, no parece que Rajoy vaya a bajar la guardia. España está de nuevo en el punto de mira para muchos analistas internacionales que estos días nos han zurrado con ganas, aunque los mercados no se asustaban demasiado en términos de prima de riesgo y de tipos de interés pagados por la deuda emitida.

Hay que seguir y no tirar la toalla. Ni un paso atrás, a pesar de las amenazas sindicales que rayan en lo delictivo. La prueba los correos que se envían desde las sedes de UGT y Comisiones Obreras o el «Tele piquete». Bien por el ayuntamiento de Madrid que va a suprimir las subvenciones a estos sindicatos broncas que nada tienen que ver con el sentir mayoritario de los ciudadanos y a los que sólo parece preocupar la pérdida de poder y dinero. Vamos a ver si en los Presupuestos se le pega otro hachazo a esas subvenciones que pagamos todos seamos del sindicato o no. La huelga tiene que fracasar porque España no la quiere, no la merece y sólo nos va a hacer daño. Sería lo mejor que nos pudiera pasar para que estos sindicalistas de salón y sueldazos se entere por la vía del fracaso y del escaso seguimiento de que las cosas ya no son como en el siglo XIX; que estamos en el XXI y que el sindicalismo es otra cosa en los países de nuestro entorno, incluso en el seno de las empresas españolas donde los del sindicato se comportan como trabajadores y no como sus cúpulas que viven al margen de la realidad.

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