Francisco Muro de Iscar – La apuesta andaluza por IU


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Los ciudadanos votan saben lo que hacen y porqué lo hacen. Otra cosa es que digan lo que van a hacer. El «voto oculto», que los sociólogos Toharia y Arriola, señalan que ha sido clave en las elecciones andaluzas es, incluso, el voto vergonzante de quien no se atrevía confesar que iba a votar al PSOE a pesar de todos los episodios de corrupción que ha generado la última administración socialista. Tampoco en Valencia o Baleares muchos ciudadanos modificaron su voto a pesar de la corrupción.

El problema es otro. El problema es el de los ciudadanos que han dejado de votar al PSOE, desencantados o como castigo, se han ido a Izquierda Unida y ahora ven que su voto posibilitará que sigan gobernando los mismos. Es decir que un voto de castigo al PSOE, que durante treinta años ha sido incapaz de sacar a Andalucía de ruina -la renta per cápita de los andaluces es del 79,1 por ciento de la media europea y quince puntos más baja que la de Grecia, el paro supera el 31 por ciento y el desempleo juvenil ni se sabe- va a servir para mantener en el poder al PSOE que, si queremos ser políticamente correctos, ha permitido la corrupción a gran escala o no se ha enterado de que existía. ¿Se van a dar la mano sin más? ¿Se la van a dar también en Asturias Cascos y el PP? ¿Son todos iguales?

El PSOE andaluz no sólo tendrá que repartir consejerías y empresas públicas, televisiones y otros garitos con IU, sino que tendrá que asumir parte del programa de Izquierda Unida porque no van a recibir un cheque en blanco. ¿Qué parte del programa asumirán? ¿La de crear un «banco público de tierras», la del camino hacia «la III República Española en la que Andalucía tendría la consideración de Federación», la «democratización y planificación de la economía andaluz hasta la gestión de cada empresa concreta», «la derogación de la actual Ley Antibotellón» o la incautación de las viviendas vacías»? Si IU tuviera la ocasión de gobernar en España y aplicar su programa electoral -o si los sindicatos tuvieran la posibilidad de dirigir la economía española- ya no tendría sentido debatir cómo salimos de la crisis. Eso sólo sería una utopía.

El PSOE e IU acabarán pactando y no parece posible augurar que Andalucía, que ha sido el furgón de cola de la economía española durante estos treinta años, vaya a convertirse en la locomotora. Si, además, el PSOE consigue el dos por uno, que Extremadura entre en el paquete, habrá convertido su derrota en la mayor victoria. Pero ni eso hará que Griñán sea un hombre de Rubalcaba, ni un pacto en Asturias hará que Cascos sea nunca un amigo del PP. Estarán juntos hasta que se divorcien o hasta que no quede tarta. En Asturias se conocen bien unos y otros y en Andalucía los pactos fallidos han sido muchos más que los estables. francisco.muro@planalfa.es

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