Fernando Jáuregui – Un jueves negro para el pacto.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Me llaman del programa de Luis del Olmo: que dé una razón para ir a la huelga y otra para no ir. Les advierto, de entrada, que yo no haré huelga. Pero que comprendo que «esta» reforma laboral no va a crear puestos de trabajo, sino más bien, al menos al comienzo de su aplicación, todo lo contrario. Y eso podría justificar la protesta de muchos ciudadanos. Sin embargo, me parece que esa protesta va a servir para bien poco: más vale, en estos momentos de zozobra, un mal acuerdo que una buena guerra, y me parece que ni la postura excesivamente inflexible del Gobierno ni el paso al que los sindicatos se han visto forzados, el paro general, van a servir para otra cosa que para exacerbar las respectivas posiciones. De nuevo, la España blanca o negra, de barricadas. Las dos españas.

No quiero que alguien pueda llamarme ambiguo. Ya dije, en el programa de mi amigo Luis y en otras ocasiones en las que podido manifestarme, que la obligación de un periodista es, en mi opinión, estar ahí, contando lo que pasa con el mayor desapasionamiento posible. Un importante sindicalista me reconocía que «sin cobertura de medios, ni las manifestaciones ni las huelgas serían nada; siempre es mejor que estéis ahí, trabajando». Así que yo no haré huelga. También porque, como decía, creo que no va a servir para nada, excepto para enconar las cosas y para ofrecer al mundo, precisamente ahora, una imagen que me parece que nos es inconveniente; claro que, para ofrecer mala imagen, ya está esa huelga absurda, injusta y antipatriótica convocada por los pilotos aéreos…

Pero no quisiera dejar este comentario sin referirme a la escasa disponibilidad negociadora del Gobierno. De este, y, por cierto, del anterior. No caeré yo, por mucho que crea que los sindicatos tienen que repensarse, actualizarse mucho y cambiar no poco, en la funesta manía de descalificar a las organizaciones de los trabajadores. ¿Qué esperaban algunos? ¿que los sindicatos diesen sin más el «si» a una reforma laboral que no puede gustarles -ni a ellos, ni a nosotros, ni, supongo a la ministra de Trabajo–? A Cándido Méndez, Toxo y otros no les ha quedado más remedio que convocar un paro que ellos saben que ni va a tener excesiva repercusión ni va a ablandar las tesis de un Ejecutivo que se encuentra entre la espada europea y la pared nacional. Ni, por supuesto, va a fortalecerles.

Mal asunto este, día triste el de este jueves, negro para cualquier posibilidad de acuerdo generalizado en torno a unas líneas mínimas de actuación. Me lo he preguntado muchas veces: si los pactos de La Moncloa fueron posibles entonces, cuando las cosas aparentemente estaban peor, ¿por qué no es posible repetir un paso así ahora? En fin, esto es algo que repetiré nuevamente, precisamente en este jueves nefasto, en el par de espacios radiofónicos que me dejan: ni huelga en las calles, ni rodillos en los despachos. La palabra debería ser «acuerdo». Pero esas, en una jornada como hoy, ya se ve que son utopías.

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