Rosa Villacastín – La mujer-mujer de Alberto Ruiz Gallardón


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Llevo días dándole vueltas a un tema que me trae de cabeza, y que en mi caso ya no tiene solución, porque a mi edad tener hijos no es algo que me preocupe, ni que me quite el sueño, todo lo contrario, ya que fue una decisión muy meditada que tomé cuando cumplí los 18 y de la que no me arrepiento en absoluto, lo que para suerte o desgracia me convierte en una mujer sospechosa, pues se supone que sólo aquellas que tienen hijos son merecedoras del respeto y de la consideración de un ministro Alberto Ruiz Gallardón, que ha sufrido la mayor transformación ideológica del arco parlamentario desde que yo recuerde.

Bien está que se promueva desde el ministerio de Justicia la condición de madre, pero cosa diferente es que se castigue a todas aquellas que por una u otra causa hemos decido no optar por la maternidad. Lo que me causa una enorme decepción es que sea precisamente Alberto Ruiz Gallardón, quién abra un debate absurdo, fuera del tiempo en que vivimos, precisamente ahora, cuando lo que hacen falta son políticos imaginativos, con ideas claras, sobre cómo crear empleo y como compatibilizar la vida familiar y laboral, que tan tocada queda en la nueva Reforma Laboral, y que tan difícil resulta de aplicar a todas aquellas mujeres que desempeñando jornadas laborales extenuantes cuando salen del trabajo tienen que preocuparse de recoger a los hijos del colegio o de la guardería, hacer la compra, planchar, decidir qué comerá la familia en los siguientes días, arreglar la ropa, y llenar el frigorífico. Eso sin contar las cada vez mayores dificultades que ponen algunos empresarios a las embarazadas o a las madres que tienen que compatibilizar su profesión con su vida familiar.

Teniendo en cuenta que es al actual ministro de Justicia a quién corresponde repartir «los carnés de la condición femenina», me gustaría saber cuál es su modelo ideal de mujer-mujer, o al menos, el que le sirve a él de referencia para hablar con la ligereza que lo hace de un tema del que estoy segura que sabe poco o nada, pero que le sirve para contentar al ala dura de su electorado, que no son mayoría en el PP, pero que sí tiene una gran fuerza mediática.

Hace años que conozco a Gallardón, muchos, y no salgo de mi asombro cuando le escucho hablar de temas que antes nunca se hubiera atrevido a tratar en público, por una sencilla razón: los votos que consiguió en Madrid no fueron solo los del PP, sino los de otra mucha gente que creyeron en el talante -perdón por nombrar la bicha-, de un político al que nadie le discute su inteligencia pero sí su eficacia como gestor de lo público y de las emociones de sus conciudadanos, pero sobre todo del interés de la mujer.

De todas las que intentamos pensar por nosotras mismas y decidir qué vida y como queremos vivirla, sin paternalismos y sin presiones políticas.

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