Carlos Carnicero – De mayor, defraudador.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

La lógica de los niños es aristotélica. Simplifican el pensamiento para deducir las ventajas evidentes. Llegan a conclusiones saltándose los prejuicios que todavía desconocen. A partir de hoy, un niño deductivo, al ser preguntado por su vocación, seguramente dirá que de mayor quiere ser defraudador.

Cuando Mario Conde estaba en la cima de su propia burbuja se dispararon las matrículas en las escuelas de negocios. Los muchachos querían ser alquimistas de la economía. Ahora ni siquiera hay que estudiar para gozar de prestigio social y de poder económico. Basta esconder dinero esperando que un presidente de Gobierno dictamine una amnistía fiscal. Cospedal dixit: «La amnistía es buena para todos». Los tiburones devoran pero salpican unas migajas. Los pobres peces pequeños que no son devorados por los escualos recogen los restos para sobrevivir en aguas peligrosas.

El lunes los mercados abrirán a la baja, porque los tiburones saben que cuando peor, mejor les va a ellos. Son insaciables: comen por prestigio fisiológico, no por necesidad. Son jugadores de ventaja. No hay nada más fácil que ajustar cinturones ajenos. Que se lo digan a los ejecutivos del IBEX 35. Europa exige, pero no da garantías. Esta es una ejecución sumaria de las clases populares sin posibilidad de perdón para ellos. Pretenden lo imposible. Que los ciudadanos se acerquen al patíbulo con un escapulario pidiendo perdón por lo que no han hecho. La calle está revuelta. Y la imagen de unos vándalos -que deben ser conducidos al juzgado- no oculta una profunda rebelión social. En el momento que el miedo de lugar a la indignación organizada esto va a ser un polvorín.

Las contradicciones del capitalismo permiten avanzar a los trabajadores. Ahora que los niños van a empezar a decir que tienen vocación de defraudadores, se enciende la luz de que hemos tocado fondo en la degradación de esta sociedad. Si los padres no se rebelan, los niños pensarán que ellos tienen razón. Y estudiaran para esconder el dinero. Nada más.

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