Esther Esteban – Más que palabras – La resaca del 29-M


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Tras la resaca de la huelga general, cada uno sigue contando la feria según le va. Los sindicatos hablan de éxito rotundo, los empresarios de fracaso, el gobierno se mantiene en sus trece sobre la reforma laboral y los ciudadanos se miran a sus bolsillos y constatan que no ha cambiado nada. Es difícil encontrar el fiel de la balanza de una jornada agotadora para UGT y CCOO, intensísima, para los diputados -que hicieron huelga a la japonesa por ese macro-pleno fijado por el presidente del Parlamento-, inquietante para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado- por la actuación intolerable de los saboteadores anti-sistema- y un día casi normal y corriente para la inmensa mayoría de los españoles.

Se quejan los sindicatos de que la caverna mediática y política «que ha hablado de gran fracaso del 29M» está agitando una obscena campaña contra ellos, que les sitúa como unos vagos-chupópteros que viven de la sopa boba y disfrutan de privilegios intolerables en los tiempos que corren, gracias a la subvención que todos pagamos. Recuerdan que su papel esta avalado por la Constitución, al igual que los partidos políticos y otras instituciones del estado, y apelan con razón a que gracias a ellos las cosas en los tiempos difíciles de la Transición pudieron hacerse bien. Yo, desde luego, ni los demonizo, ni creo que todo lo que esconden son motivos bastardos, pero si efectivamente quieren cumplir con su papel constitucional su vara de medir debería ser idéntica con cualquier gobierno -sean cuales sean sus siglas-, y desde luego no lo ha sido.

Es cierto que todos los presidentes del Gobierno de este país han sido objeto de huelgas generales en distintos momentos, pero la del 29-M ha batido todos los récords. No solo porque no le han dado a Rajoy ni los cien días de gracia, sino porque han tomado las calles antes incluso de conocerse los Presupuestos del Estado. A nadie se le oculta que CC.OO y UGT son sindicatos de izquierdas, pero no por ello pueden negarle el pan y la sal a un gobierno legitimo que ha obtenido muy mayoritariamente el apoyo de los ciudadanos en las urnas. ¿Por qué estaban silentes y sumisos, cuando el gobierno de Zapatero era una fabrica de parados y situaba al país al borde del precipicio? se preguntan muchos. Pues según ellos estaban remangándose para potenciar el Dialogo social y llegar acuerdos con la patronal y, en opinión de otros, haciendo el caldo gordo a un presidente que les llenaba a placer los bolsillos

El Gobierno por su parte dice que no se rinde, que no tocara la parte troncal de esta reforma laboral porque sin ella no habrá manera de frenar la sangría del paro y Europa nos dará la espalda. La verdad es que con España, en recesión, la prima de riesgo disparada, una deuda asfixiante y el fantasma de la intervención en el horizonte próximo. Rajoy tiene poco margen de maniobra y la negociación es complicada.

Seria una irresponsabilidad enorme que nuestro país siguiera la estela de Grecia y no solo por la delicada situación de las finanzas, sino también por el nivel de confrontación en la calle. Ni los sindicatos pueden plantear un pulso de esta magnitud cada dos por tres, ni el gobierno confiar en que su mayoría absoluta le inmuniza del descontento de los ciudadanos. Lo de menos desde luego es que se produzca o no una escena del sofá en la Moncloa entre el presidente y los Agentes Sociales y lo demás es que se busquen canales de comunicación y que todos, absolutamente todos arrimen el hombre. Aquí nos la jugamos todos y no solo el gobierno y los sindicatos.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído