Rafael Torres – Al margen – ¿Gobierno de España?


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Una cosa es el gobierno de los banqueros, de los pudientes y de los empresarios de España, y otra, muy distinta, el Gobierno de España, un sitio, como se sabe, donde hay más gente. Si se admite esta sencilla verdad, habrá que convenir también en que los 40.000 millones de euros que el Estado destina, entre pitos y flautas, a los bancos, podrían tapar, como dicen los agraciados de la Lotería, muchos agujeros, exonerando al depauperado bolsillo de los pobres de la obligación de taparlos. Lo mismo cabría decir del Estado respecto a los pudientes, exigiéndoles aportaciones a la Hacienda, vía impuestos directos, más acordes con la deplorable situación económica, y, desde luego, respecto a los empresarios, a los que, sin exigirles nada, ni pericia ni solvencia, ni reinversión de una parte sustancial de los beneficios de sus empresas, ni creación de empleos de calidad, ni nada, se les otorga ahora patente de corso para explotar a sus compatriotas.

El Gobierno de Rajoy utiliza a troche y moche el «logo» institucional de «Gobierno de España», pero tal vez sería más conveniente que lo fuera de veras. De España y de los españoles, la mayoría de los cuales ni son banqueros, ni pudientes, ni empresarios, pues sólo del buen gobierno de aquellos, es decir, del buen mirar por su bienestar, por su futuro y el de sus hijos, podría venir el remedio a los males que nos afligen, incluidos los relacionados con el embate bestial de la usura. A las personas, señor Rajoy, señor De Guindos, señora Báñez, no se les puede aplicar, como a los inmuebles, la dación en pago, ni se les puede uncir al yugo de empresarios desahogados (¿hace falta recordar al anterior presidente de la CEOE?) para que le extraigan, sin anestesia, la plusvalía.

Una cosa es el Gobierno de España, al que sólo deberían acceder, por cierto, sabios y bellísimas personas, y otra, muy distinta, el gobierno de la plutocracia para exclusivo y máximo beneficio de la misma. Si la gente queda en el desamparo institucional, puede darse perfectamente a la desesperación, incluso a una desesperación de grado mayor que el miedo a todo que aún la atenaza.

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