Carlos Carnicero – Los mercados, insaciables.


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

Ningún esfuerzo es suficiente y nadie tiene la honestidad de definir el límite de los sacrificios de los ciudadanos. A cada medida incoada por los gobiernos de la Europa del sur se sucede una nueva exigencia imposible. ¿Cuál es el límite de empobrecimiento al que se quiere someter a los ciudadanos?

El ministro Luis de Guindos anuncia nuevos ajustes. La directora del FMI, Cistina Lagarde, no descarta la quiebra de Grecia. Portugal tiene desde hace más de un año su economía colapsada. La Europa del sur molesta a la Europa del norte.

Alemania conoció dos tragedias en el siglo XX. El marco llegó a cambiarse a diez billones por un dólar en 1922. La pobreza, la miseria y la humillación auparon el nazismo al poder. Después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo entendió que había que ser solidario con los alemanes que sobrevivieron a la tragedia. No se culpó al pueblo alemán por su apoyo o su pasividad frente al nazismo.

Alemania, a través de sus líderes, no se cansa de demonizar a los ciudadanos del sur. «Cuando naciones enteras viven más allá de sus posibilidades y después son obligadas a adoptar medidas de austeridad, es lógico que culpen a otros», ha ironizado el ministro de Finanzas alemán Wolfang Schuble: «Es normal que esas personas que sufren por los errores que ellos mismos han cometido, traten de culpar a otros».

La arrogancia alemana ha borrado las señales de su propia historia. Europa se rompe por el sur. Pero Europa puede existir sin el sur. Vamos a una Europa con criterios arios en su economía. Vuelve el fantasma de su división. Y solo la recuperación de los valores de la solidaridad Europea pueden evitar esa catástrofe.

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