Antonio Casado – Golpes de viento.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

El Banco Central Europeo nos echó un cable y los mercados, que lo habían puesto a prueba con su castigo a España, dieron un paso atrás. Vale. Sin embargo los problemas, como el dinosaurio de Monterroso, siguen estando ahí. La desconfianza exterior e interior frente a una economía que no crece, un sistema financiero averiado y un Estado de las Autonomías que despilfarra el dinero que no tenemos. Por si fuera poco hemos de añadir un elemento sobrevenido como agravante de la situación. Me refiero a los recientes episodios de descoordinación, improvisación y política informativa. He ahí la penosa imagen de un Gobierno desbordado por las circunstancias de la última hora.

Constatar que al Gobierno le desbordan las circunstancias es tanto como afirmar que está gobernado por ellas. El propio ministro de Economía, Luis de Guindos, ha detectado el problema. Se deduce de sus declaraciones del otro día cuando hablaba en la radio sobre la importancia de mantener el rumbo en medio de la tormenta. Advertía de la tendencia del capitán del barco a responder a los golpes de viento con golpes de timón. Fatal, porque la dirección del viento cambia continuamente en la tempestad. Un apunte sabio del ministro de Economía de escasa aplicación en los días del último castigo a la economía española.

El presidente del Gobierno, que por fin recuperó el habla, dijo este miércoles en los pasillos del Congreso que tiene las ideas «claras» y sabe perfectamente «lo que hay que hacer». Así sea. Pero, de momento, seguimos sin conocer la letra pequeña del inesperado y aparentemente improvisado (por el último golpe de viento de los mercados) recorte de 10.000 millones de euros en Sanidad y Educación.

No parece que un «canutazo» del presidente del Gobierno o la nota oficial posterior al mini-Consejo de Ministros del lunes pasado (deprisa, deprisa, antes de que los mercados abriesen el martes por la mañana) sean suficientes para que la opinión pública tenga ciencia propia sobre el detalle de los recortes en las dos obras predilectas del Estado del Bienestar. Y ya sabemos en qué quedó la petición socialista para que Mariano Rajoy se explicase de inmediato en el Congreso, sobre todo después de los mensajes contradictorios entre el Gobierno y el Partido Popular. Petición rechazada por haberse presentado fuera de plazo. Esa fue la excusa de mal pagador alegada por la mayoría parlamentaria que apoya al Gobierno.

La consecuencia de todo esto es que si hasta ahora había desconfianza exterior respecto a las posibilidades de la economía española para salir del agujero, estas últimas decisiones de Moncloa, en fondo y forma, también están contribuyendo a alimentar la desconfianza interior. Un nuevo incumplimiento: «Voy a meter tijera en todo, salvo en pensiones, sanidad y educación», había declarado Rajoy después de barrer en las urnas del 20-N. Y de nuevo la sensación heredada de Zapatero de que se decide sobre la marcha.

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