Rafael Torres – Al margen – La ley de la jungla.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy ganó las elecciones prometiendo crear puestos de trabajo. De momento, ya lleva destruidos más de medio millón. A lo mejor es que piensa, como los antiguos anarquistas, que para crear hay que destruir primero. En todo caso, ¿cómo pensaba crear empleo? ¿Diciéndolo? Para ganar a Zapatero, que en las postrimerías de su segundo mandato estaba hecho unos zorros, no era necesario que engañara a nadie, y mucho menos que jugara con el pan y con la esperanza de millones de españoles. Lleva Rajoy en el gobierno unos pocos meses, y ya se ha perdido la cuenta del número de familias españolas que no tienen a nadie trabajando.

Aun siendo complicada la reactivación del mercado laboral en las actuales circunstancias, no lo es tanto como pretende hacer creer el gobierno. Cualquiera puede ver dónde radica, en gran medida, esa supuesta insuperable complicación: la única caja abierta en las grandes tiendas, ante la que hacen cola interminable los clientes, alude al «ahorro» del sueldo de tres o cuatro cajeras por parte del empresario. Multiplíquese y, de paso, échese un vistazo al monto de sus beneficios, buena parte de los cuales, en algunos casos, marcha cada día al extranjero. Ese sencillo ejercicio de observación que cualquiera puede hacer, en la seguridad de que habrá de conducirle a una pista fiable, puede extenderse a cualquier área del comercio y de la producción. Si Rajoy se propusiera de verdad la creación de puestos de trabajo, obligaría amablemente a los empresarios a efectuar contrataciones en función de los beneficios, mediante un baremo que podría diseñar cualquier chiquillo de bachillerato. Hasta ahora, lo único que se la ha ocurrido es, asombrosamente, facilitar el despido de los pocos que conservan su trabajo.

No sería tan difícil, aunque sí, tal vez, contrario a las ideas del actual gobierno, deslindar el terrible problema del paro, que exige resolución inmediata, del de la situación económica general, que lo mismo no tiene arreglo sino a medio o largo plazo. Se trata de repartir un poco, los que tienen más a los que menos tienen, para sobrevivir como nación, y no como jungla.

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