Andrés Aberasturi – O todos, o se rompe la baraja.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Esto se va complicando y a un porciento muy grande de ciudadanos les cabrea que todos los recortes caigan sobre las espaldas calladas siempre de los mismos. Unos recortes, por cierto, que se esperaban y otros, los más, que se han añadido por el camino. El país estaba dispuesto al sacrificio, incluso estaba dispuesto a ir un poco más allá si a cambio veía que se ponía fin a los escándalos, que se cerraba el grifo del derroche y se pedían responsabilidades (y en su caso devoluciones) a quienes se lo habían llevado crudo. El ciudadano medio estaba muy por la labor de colaborar en el esfuerzo de todos y me temo que se ha sentido defraudado. El ex ZP hacía minirecortes que no servían para nada y se inventaba frases que eran imposibles aunque sonaban bien. Su política económica primera fue desastrosa y dilapidó un dineral sin conseguir otra cosa que disparar el déficit; su reforma laboral fue lenta e ineficaz y su frase/proyecto más famosa la lanzó sin saber muy bien, ni él ni sus ministros, a qué se refería: el tan mentado proyecto de un modelo de «economía sostenible». Lo cierto es que el modelo no sostuvo nada y nos dejó en ese borde del precipicio en el que llevamos viviendo desde entonces.

Y en esas llegó Rajoy cambiando el nombre de un día de la semana, justo en el que se reúne el Consejo de Ministros y así aprendimos el nuevo nombre: miércoles, jueves, chirriar-de-dientes, sábado, domingo etc. hasta el siguiente crujido del siguiente viernes y los que nos quedan, que ya ha anunciando que esto no ha hecho más que empezar. Y lo que me temía llegó con de Guindos: ya tenemos frase imposible porque el ministro pretende pasar de la economía del ladrillo a la «economía del conocimiento».

Y lo que no vale -a mí no me vale al menos- es denunciar lo que parecía mal del Gobierno del PSOE y no ver lo que resulta criticable en este aun joven Gobierno de Rajoy. Todas las frases son hermosas y cómo no estar a favor de una economía sostenible o de esta otra basada en el conocimiento; pues claro que estamos a favor, pero lo mismo que dije a ZP se lo digo hoy a Rajoy: y eso ¿cómo se hace? ¿cuánto se tarda? ¿qué se invierte? Porque, para empezar, un «modelo» económico es un intangible que no se varía a golpe de decreto salvo si eres Chavez o Cristina Elisabet Fernández (de los Kirchner de toda la vida). Quiero decir que si no vas por la calle diciendo: «exprópiese» y otras maldades, pues no es fácil, ni mucho menos rápido, cambiar toda la estructura económica de un país que, además, está en una situación crítica con más de cinco millones de parados y creciendo, que además pertenece a un club al que ha cedido parte de su soberanía y toda su moneda, que además no tiene un euro que llevarse al gasto y que además se siente en la obligación de mantener un estado insostenible con 17 miniestados que van por libre. Y eso, me temo, es así.

Y la gente se cabrea, señor Rajoy, no sólo por lo que usted ha subido y dijo que no iba a subir sino, sobre todo, porque no ha quitado lo que todos esperaban que quitara: muchas más empresas públicas, el total de las alegres subvenciones a patronal, sindicatos y partidos y otras obras de dudosa solidaridad interior y exterior, sueldos inmorales, jubilaciones de escándalo, prebendas de unos pocos y un largo etcétera que, cuando quiera, me invita a un café en Moncloa y se le detallo por orden alfabético. Recortar un 5% a un funcionario o congelar una pensión vergonzosa es muy duro, pero bajar un 20% una subvención con muchos ceros que nunca debió existir, no es nada, pura imaginería. ¿Más? Pues más: ¿cómo es posible, éticamente, que expresidentes estén en los consejos de administración de las eléctricas? ¿Y lo de la señora Salgado no es ilegal? Así no. O nos ajustamos todos o ya verá como se rompe esta baraja.

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