Julia Navarro – Escaño Cero – Y el domingo votamos en Paris.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

La noche del domingo la dediqué a ver en el Canal 24 horas de TVE el debate electoral entre François Hollande y Nicolas Sarkozy. Decir que Hollande ganó por goleada al todavía presidente de Francia es quedarse corto. Le arrasó, le dejó sin argumento. El candidato socialista demostró tal dominio de sí mismo, tal seguridad y serenidad frente a un Sarkozy gesticulante que reforzó el valor de sus argumentos.

Lo cierto es que Europa se juega mucho con las elecciones francesas. Vivimos en un mundo tan globalizado que importa, y mucho, quien gobierna en los países de nuestro entorno, y no digamos en Estados Unidos. De manera que el futuro inmediato de la Unión Europea no será lo mismo con Hollande que con Sarkozy.

François Hollande asegura estar dispuesto a fomentar políticas de empleo y de crecimiento. Hay que ahorrar, claro, eso no lo niega, pero sin ahogar al Estado del Bienestar. Si Hollande gana la señora Merkel no podrá seguir imponiéndonos su política a los europeos, o al menos lo tendrá más difícil. Por decirlo claramente, Alemania tendrá que tener en cuenta que hay otras opiniones y otras opciones para salir de la crisis.

La Unión Europea hoy no es más que un conjunto de países que bailan al son de Alemania, y Francia que podría ser un contrapeso ha renunciado a ese papel al haber aceptado el presidente Sarkozy los dictados de su colega Merkel que le ha convertido en su vocero.

Me parece evidente que las políticas que está imponiendo la señora Merkel hasta el momento lo único que están produciendo es más paro y un recorte de derechos sociales. En Alemania tienen más empleo a cuenta de los llamados mini-jobs, es decir el trabajo basura, ya que se percibe trescientos o cuatrocientos euros al mes, y ya me gustaría a mi ver a la señora Merkel o a quienes defienden esos empleos basura viviendo con cuatrocientos euros. Me parece inaceptable que los políticos promuevan para los demás lo que no aceptarían para ellos.

El caso es que el domingo cuando los franceses acudan a las urnas y depositen su voto en alguna medida estarán decidiendo el destino de Europa y por tanto el nuestro.

Ya digo que el debate entre Sarkozy y Hollande resultó apasionante, y ojalá nuestros políticos fueran capaces de debatir así. Un debate abierto, en el que ambos candidatos se interrumpían y marcaban su propio ritmo más allá de las indicaciones de los presentadores que se comportaron con una neutralidad admirable.

El debate Sarkozy-Hollande es una lección de cómo deben de hacerse este tipo de debates y ojalá los equipos electorales de los partidos políticos españoles sean capaces de reproducirlo en el futuro.

Si gana Sarkozy será más de lo mismo y la señora Merkel nos seguiría marcando el paso, si gana Hollande aun puede haber esperanzas de que la Unión Europea no sea un grupo de países al dictado de Alemania. Así de claro, así de simple.

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