Rosa Villacastín – El Abanico – La grave crisis de la prensa española.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Las cifras son demoledoras: 2.600 periodistas se han quedado sin empleo en el primer trimestre del año. 2.600 historias reales, que hoy viven la rabia, el desaliento, la preocupación, la falta de perspectivas, al observar cómo en apenas dos años el paro alcanza ya a 7.000 compañeros, y lo que te rondaré morena, pues aún falta por saber cuantos más se quedarán en la calle una vez que el PP empiece la poda en las televisiones y radios públicas.

Las razones de por qué se ha llegado a esta grave situación son muchas, una es el auge de las redes sociales, de Internet, que te permiten leer lo que se publica en los periódicos de cualquier parte del mundo sin salir de tu casa y sin soltar un euro. Otra es la falta de publicidad debido a la crisis, que es el principal sustento de los medios de comunicación. Y cómo no, la mala utilización que los políticos y algunos de sus satélites hacen de unos medios que no les pertenecen pero de los que se sienten dueños y señores por el solo hecho de haber ganado unas elecciones. Y como ejemplo, sirva la campaña de desprestigio orquestada contra Ana Pastor -no la ministra sino la periodista de TVE-, a la que no perdonan que no se pliegue al deseo de sus entrevistados, cuando en eso radica precisamente su valía y prestigio, así como la de tantos otros compañeros que ven peligrar su puesto de trabajo solo por trabajar en una televisión o una radio pública que goza del prestigio y del reconocimiento de los ciudadanos.

Pregunto ¿Cómo es posible que se acepte sin rechistar que todo un presidente del Gobierno impida que se le hagan preguntas después de leer un comunicado que nos afecta a todos? Una actitud que se repite con demasiada frecuencia y que los directivos de los medios permiten por no se sabe qué extraña razón. Siendo como son los mismos a los que no les importó incomodar, denunciar, cuando entendían que un político, un banquero, nos estaban mintiendo o se había extralimitado en sus funciones.

De ahí la envidia que sentí viendo el debate entre François Hollande y Nicolas Sarkozy, la cara de ironía de los dos periodistas encargados de moderarlo cuando veían cómo el candidato le hincaba el diente al expresidente o el expresidente le atacaba cuando veía un resquicio de debilidad en el candidato. Un debate que en España no se habría podido llevar a cabo, lo que demuestra la debilidad de nuestra democracia, y lo mucho que quedar todavía por hacer para que los medios vuelvan a adquirir el prestigio que nos permitió llegar hasta aquí.

La crisis no debería ser el vehículo que utilicen quienes desean debilitar a unos medios que sobradas muestras han dado de fortaleza, tampoco para expulsar de las redacciones a quienes se han dejado la vida en ellas, o a los que con savia nueva quieren coger la bandera de la independencia y la libertad de expresión.

Por todo ello, permítanme señalar que el hecho de que este jueves los periodistas hayamos sido noticia en Madrid por manifestarnos en protesta por la delicada situación de nuestro sector, debería ser un aldabonazo al conjunto de la sociedad: sin periodistas no hay comunicación y sin comunicación no hay control de los Gobiernos que es lo que éstos precisamente quieren.

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