Carlos Carnicero – Arrepentimiento y condena.


MADRID, 05 (OTR/PRESS)

Arrepentimiento es un concepto moral. Un arrepentido desearía no haber cometido determinados errores, y cuando lo manifiesta hace constar su arrepentimiento para que la sociedad lo tenga en cuenta. Pero ni siquiera es suficiente para que haya algún grado de perdón.

Para cumplir una condena no hace falta mostrar arrepentimiento: basta con que transcurra el tiempo hasta expirar la pena. Entonces, la sociedad tiene la obligación de devolver sus derechos a quien los perdió provisionalmente por causa de una condena penal. Incluso las víctimas están obligadas a respetar la ley y, sin renunciar a su dolor y a su repudio por el verdugo, no tienen más remedio que acatar el fin de la condena. Eso forma parte de la esencia del estado de derecho.

Otra cosa es cualquier medida extra que favorezca la reinserción. Quien aspire a cualquier grado extra de atenuación de su condena, por mínimo que sea, debe mostrar que es merecedora de ella mediante el arrepentimiento. Pedir disculpas a quienes sufrieron los actos de un condenado parece una exigencia razonable para que el perdón, cualquiera que sea su grado, no signifique una afrenta añadida a la víctima.

El colectivo de presos de ETA acaba de manifestarse en contra de la exigencia de arrepentimiento. Están en su derecho de no arrepentirse: basta con que tengan paciencia para agotar su pena. En términos dialécticos, la sociedad establece una ecuación entre las muestras de arrepentimiento y la posible atenuación de la pena. Quien no esté dispuesto a los primero, solo tiene que conformarse con la renuncia a los segundo. Así de fácil.

Quienes dirigen ETA tienen el tiempo en su contra. Antes la sociedad tenía angustia por acabar con el terrorismo; e incluso hubo un tiempo, ya pasado, en el que la sociedad estuvo a punto de claudicar ante la creencia de que el estado de derecho carecía de medios para terminar con ETA por la simple aplicación de la ley. ETA, ahora, ya no tiene capacidad de chantaje: su existencia es una ignominia soportable. Es cierto que si enloquecen más pueden volver a matar; pero la sociedad incluso podría soportar un rebrote de la violencia.

Ahora que los presos de ETA no quieren arrepentirse solo ocurre que si el estado es firme tendrán que agotar su condena. En el fondo, aliviarán la necesidad de tener algún grado de clemencia con los asesinos. Y el PP, de la necesidad de flexibilizar sus posiciones para enterrar a la organización en el olvido.

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