Esther Esteban – Más que palabras – Optimismo patológico y pesimismo interesado.


MADRID, 05 (OTR/PRESS)

Aquí hemos pasado de tener un «optimista casi patológico», que es en lo que se convirtió el Zapatero de la ultima legislatura, a un «pesimista interesado». Al menos esa es la definición del presidente Rajoy que hace la portavoz del grupo parlamentario socialista, Soraya Rodríguez, porque, según dice, se dedica a meter el miedo en el cuerpo a los ciudadanos, para que seamos capaces de encajar mejor las durísimas medidas que se anuncian cada viernes tras el consejo de ministros.

Para apoyar su análisis la señora Rodríguez ha denunciado que la táctica consiste en poner la cosa terrible para que la sociedad no cuestione las medidas y como todo esta tan mal y nada tiene arreglo «justificar que se están cerrando hospitales y se saturan las aulas de niños». El argumento es muy similar al que utilizó la Agencia Reuters el pasado mes de febrero, cuando difundió una información -que finalmente resulto ser falsa- según la cual Bruselas podría multar a España por inflar los datos del déficit del 2011, para que este año Rajoy pudiera ponerse la medalla de que había enderezado las cosas. El tiempo y los datos oficiales, dados a conocer por Bruselas, han quitado la razón a la agencia británica y tendremos que esperar para ver si el tiempo quita o da la razón a la portavoz socialista.

Yo, personalmente, no sé qué es peor si un optimista patológico o un pesimista interesado, pero si se trata de elegir prefiero sin duda un gobernante realista que explique, sin tapujos, los problemas a los que nos enfrentamos y aplique las recetas para combatirlos. El problema de los políticos es que ven la botella medio llena o medio vacía, según les va a ellos, y, casi nunca se ponen en la piel del ciudadano normal y corriente que sobrevive, como puede, a sus crisis económica de cada día. A nadie nos gusta recibir malas noticias y menos ser portadores de las mismas, pero a todos nos aburre sobremanera ese «y tú más» en el que han caído los dos grandes partidos de este país, como si estuvieran sumergidos en un enorme agujero sin salida. Esa forma de mirar las cosas según le resulta más rentable a sus pequeños intereses partidistas, les esta empequeñeciendo cada vez más y alejando sin remedio de los votantes.

De entrada, me parece muy interesante el gran pacto de estado que el presidente del gobierno ha ofrecido a los socialistas para reformar el modelo de Estado. Es muy pertinente que él y Rubalcaba pudieran pactar una reforma global que hagan viable el modelo, teniendo en cuenta su inviabilidad financiera y la necesidad urgente de equilibrar las cuentas públicas. Suprimir organismos ineficientes, cerrar empresas públicas ruinosas, reducir el número de ayuntamientos o incluso eliminar las diputaciones son cuestiones que se pueden abordar sin tapujos. Claro que para eso hay que pactar y esa es una palabra que PP y PSOE han decidido suprimir de su particular diccionario. Error, grave error…

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