Francisco Muro de Iscar – Reforzar la democracia.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Las elecciones de este fin de semana en Francia, en Grecia, en Serbia y pronto en algún otro país, como todos los europeos marcado por la crisis, y hasta las próximas en Estados Unidos, tienen una importancia que trasciende la pura contienda local o el cambio de partido en el poder. No es la economía solo lo que está en juego, la salida de la crisis, la búsqueda de fórmulas milagrosas o de promesas imposibles de cumplir. Es la política, incluso la democracia, lo que nos jugamos. Los recortes y las medidas que afectan a muchos ciudadanos están provocando el crecimiento del extremismo -no hay más que mirar la subida del lepenismo en Francia o de otros grupos similares y antisistema en Grecia- y la aparición de populismos que buscan capitalizar el descontento. La inmigración, que nunca se enfrentó con coherencia en Europa pero que, hasta hace muy poco, fue una solución para Europa, empieza a ser un problema y las respuestas de los Gobiernos, entre ellos el español, en muchos casos no ayudan precisamente a resolver el problema sino a enquistarlo. Criminalizar a algunos colectivos nunca puede ser parte de la solución.

Si a eso le suman los problemas de seguridad, la corrupción, el despilfarro de tantos años de vacas gordas, la falta de sintonía de los políticos con la calle, el surgimiento de movimientos populares asamblearios, la carencia de ideas de la derecha que gobierna y la pérdida de su lugar de la socialdemocracia, con poco que se agite el mapa puede sobrevenir un terremoto político y pueden llegar al poder fuerzas que pondrían en peligro la democracia. La Unión Europea carece de una política que permita hacer frente al futuro sin agravar seriamente la cohesión social y la obsesión por el déficit, como todas las obsesiones, puede hacer imposible la salida de la crisis. Y algo más, en países gobernados por la izquierda o en naciones gobernadas por la derecha, da lo mismo, los ricos son cada vez más ricos y los pobres, cada vez más pobres. Y como señala Joaquín Estefanía, «la crisis trata de enfrentar a los pobres con los más pobres, que envidian a los primeros por la protección social». Sólo falta conseguir eso para encender la mecha.

Por eso hay que exigir a Europa y a los Gobiernos, al español sin duda, medidas para reforzar la democracia, política con mayúsculas para afrontar la crisis, un reparto de sacrificios equilibrado, una batalla a muerte contra la corrupción y el fraude en todos los niveles -el fiscal, por supuesto, pero también los otros- y una clara política de comunicación. Nos estamos jugando algo más que la vuelta a unos niveles de bienestar que seguramente serán ya imposibles de alcanzar. Nos estamos jugando los fundamentos del Estado de Derecho. Sin eso y sin democracia no hay progreso para nadie. Hay que exigir a los políticos que no lo olviden. Se lo tenemos que exigir los ciudadanos.

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