Antonio Casado – Hollande, el cambio.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

En una Europa gobernada mayoritariamente por la derecha (solo un 5 por ciento de los europeos tienen hoy por hoy Gobiernos de izquierda) se ha ido abriendo paso el temor a que las políticas de recortes generen malestar social y pongan en peligro los servicios públicos básicos, como la sanidad y la educación. Eso también vale para España, naturalmente, donde hasta el Gobierno del PP no tiene otro remedio que saludar el avance de las propuestas de Hollande como consecuencia de su victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

Dichas medidas se condensan en dos líneas de actuación sobre la economía europea. Una, flexibilizar el calendario fiscal impuesto a países que, como España, corren el riesgo de ahogarse antes de alcanzar el deseable saneamiento de su sistema productivo. Y otra, tomar medidas reactivadoras de la economía que impulsen el crecimiento y, por tanto, la creación de empleo.

Aunque aquí, entre nosotros, a muchos no les guste oírlo, las propuestas de Hollande que ahora se abren paso en Francia, y en Europa, son las mismas que viene formulando el líder del PSOE, Pérez Rubalcaba, ya desde la campaña electoral del pasado 20 de noviembre. Un discurso que exige la modificación de la hoja de ruta fijada por la Unión Europea para salir de la crisis económica, al dictado del tandem Merkel-Sarkozy en nombre del rigor fiscal, que va camino de convertirse en el «rigor mortis» del Viejo Continente.

La aplicación de ese discurso a la dura realidad europea, el de la flexibilidad del calendario y las medidas reactivadoras, es el que a mi juicio conviene aquí y ahora a España porque el otro, el del rigor fiscal a toda costa, tiende a crear malestar social y no está técnicamente claro que pueda conducir al saneamiento en un escenario de recesión económica como el actual. Es evidente que el triunfo de Hollande en Francia anuncia la reprobación del actual pacto fiscal franco-germano. Y sin el pilar francés, va a durar muy poco el discurso de la austeridad a toda costa y no combinada con crecimiento.

Antes que en Francia, las luces de alarma ya se habían encendido en Holanda y en el Reino Unido: los recortes por los recortes solo generan malestar y desafección al sistema democrático, dando alas a los grupos de extrema derecha. Se ha visto también en las elecciones francesas (sobre todo en la primera vuelta) y griegas del pasado domingo, como ya ocurrió en la crisis económica de los años treinta del siglo pasado, cuando se desplomó el prestigio de la Democracia y brotaron «caudillos» por todas partes.

En resumen, que el triunfo de Hollande en Francia es una buena noticia para España porque modificará la política económica de la UE y a nuestro país le viene bien que le aflojen la soga que tiene atada al cuello. Se la aprietan en nombre del equilibrio fiscal. Se le van a aflojar en nombre del crecimiento y del bienestar de los ciudadanos. Así sea.

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