Fernando Jáuregui – No te va a gustar – ¿Quién será el líder de Europa?


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Puede que todo comentario resulte ahora excesivamente apresurado. Porque la elección de una sola persona, aunque sea nada menos que el presidente de Francia, que ha vencido a su oponente por apenas unos miles de votos, no es fácil que suponga un viraje en la deriva europea. Hollande ha hablado de «impulsar otra Europa», es cierto. Pero de ahí a poder torcer el brazo de sus aliados -hasta el momento_ alemanes, de ahí a cambiar la política de ultra-austeridad dictada por el poderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, que a su vez tanto influye sobre Angela Merkel, hay un trecho.

La victoria de Hollande es importante, pero resta ver cuánto de decisiva para que el portaaviones de la UE, mal dirigido por una oficialidad sin carisma, que no ha sido elegida por la tripulación -los ciudadanos europeos-, cambie de rumbo, aunque sea ligeramente. De momento, y a día de hoy, con las vacilaciones de los mercados suscitadas por las elecciones galas, la consigna sigue siendo austeridad, por tanto enfriamiento de la economía, por tanto más paro, aunque, eso sí, corrección al desbarajuste y descoordinación que venían imperando en las economías nacionales de los países de la UE.

Si hubiese que apostar, apostaría por el mantenimiento de la entente franco-germana, por esa sustitución del sistema «Merkozy» por el «Merkolland». Ya lo dijo en la noche del domingo el ministro alemán de Exteriores: la amistad entre Francia y Alemania es básica para el mantenimiento del «statu quo» europeo.

Falta saber si a los «otros» europeos, comenzando por los españoles, les interesa ese mantenimiento. Y sobre qué bases: ¿relajando algo la presión? ¿Siguiendo las pautas de los Estados Unidos? España, que es uno de esos «otros» europeos, se ha convertido en una potencia de segundo orden en la Unión Europea, en un país obediente a los dictados de los Merkel, los Olli Rehn, los Durao Barroso, los Draghi, los Van Rompuy… y así, hasta, incluso, Mario Monti. Y, sin embargo, estimo que la voz española sigue teniendo fuerza como para elevarse y ser escuchada, más allá de las palmaditas en la espalda por lo bien que estamos haciendo los deberes, unos deberes que no está claro que nos vayan a conducir al premio fin de carrera. Ni a la ansiada creación de empleo.

Es el momento para aprovechar el atisbo de ciertos cambios de actitud posibles -no sé si probables- en una parte de Europa, inspirados tal vez por nuestros vecinos del norte, para ofrecer una cara fuerte, seria, razonable, de una España en la que impere el pacto entre las fuerzas políticas. El PP puede y debe aprovechar las buenas relaciones indudablemente existentes entre el PSOE y sus correligionarios galos -ojo, que no ha sido el PSOE quien ha ganado las elecciones francesas, aunque a veces pudiera parecerlo, escuchando ciertas declaraciones-.

Y el PSOE debe ofrecer generosamente esas buenas relaciones como instrumento para que el Gobierno español, el Gobierno del Gran Pacto, tenga una voz más potente en esa «nueva» Europa que ya veremos si, al final, se convierte o no en una progresiva realidad. La victoria de Hollande es, así, una oportunidad. Sería una lástima desaprovecharla.

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