Rafael Martínez-Simancas – Sin Etiqueta – Las siete vidas de Rato.


MADRID, 8 (OTR/PRESS)

También los banqueros dan «espantás», no solo los toreros. Eso sí, los toreros al menos lo hacen con cierta pulcritud a la hora de tomar el olivo, en cambio un banquero pierde zapatillas, montera y estoque en la fuga y de la mañana a la tarde deja la entidad que presidía y a la que había jurado amor eterno. Lo de Rato con Bankia se puede considerar «cese temporal de la convivencia accionarial», y el que no lo entienda que se de prisa en preguntar por qué don Rodrigo no va a estar mucho tiempo en calidad de cesante, pronto le encontrarán otra actividad rentable.

Fue el famoso capitán Schettino el que reveló que a veces uno quiere estar en el puesto de mando pero un golpe de mar le lleva a caer dentro de un bote. En las palabras de Schettino se notaba una firme voluntad por haber permanecido a bordo hasta el final pero en cuestión de barcos ya lo dijo Felipe II que nada se podía hacer cuando se lucha contra los elementos y no contra los hombres. Quizá Schettino ignore quien fue el emperador Felipe II pero tampoco vamos a detenernos en este detalle histórico sin importancia para el caso porque quien dijo barcos puede decir bancos, o cajas. Rato, llevado por la doctrina Schettino siempre ha tenido la suerte de caer dentro de un bote salvavidas con la oportuna indemnización, le pasó en el FMI y es posible que le vuelva a ocurrir ahora en Bankia. Las espantadas que daba Curro Romero se convertían en ira y en lluvia de almohadillas, en cambio la espantada de un banquero suele tener buen final.

De las siete vidas que tiene un gato/Rato ha consumido tres: la primera acabó cuando Aznar prefirió a Rajoy en la sucesión, la segunda la consumió al salir por pies del FMI horas antes de que llegara el tsunami de la gran crisis, y la tercera ha sido dejar solo al oso verde de Bankia. Puede presumir de curriculum rentable, de superviviente al caos. Rajoy va de marrón en marrón y en cambio él se muestra apacible. La próxima vez que se crucen ambos (¿quizá estén pensando en el Banco de España?), Rajoy puede decir lo mismo que cuando vio a Zapatero en el Consejo de Estado: «El ahora está tranquilo, y yo estoy menos tranquilo». El dedo de Aznar le dio la vida y, en cambio a Rajoy le hizo caminar por caminos tortuosos hasta que llegó a La Moncloa. No fue Rato el que iba en el helicóptero de Móstoles, ni el que tuvo que apaciguar el partido, ni quien perdió dos veces las elecciones.

Se marcha don Rodrigo pero no quienes le acompañaban en la desventura, entre ellos José Luis Olivas o Goirigolzarri. Será que para ellos aún no hay botes en los que caer.

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