Charo Zarzalejos – Felipe, hijo predilecto.


MADRID, 12 (OTR/PRESS)

El expresidente Felipe González, junto con Emilio Casinello y Miguel Olivencia, ambos comisarios de la Expo 92, va a ser nombrado hijo predilecto de Sevilla. La idea es del alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, hombre templado, simpático, que ejerce la alcaldía sin el menor rastro de ira o beligerancias estériles. Y la idea es buena, muy buena. Felipe González gobernó España durante catorce años. Es tiempo más que suficiente para cometer tantos errores como para cosechar aciertos.

Pasado el tiempo, todavía son muchos los que, mirando para atrás, no pueden evitar una mirada con ira -justo de la que carece Juan Ignacio Zoido- y negarle al líder más líder que nunca ha tenido el PSOE, el pan y la sal. Probablemente a este sector de población, la decisión de Zoido les parece, cuando menos, inadecuada por inmerecida.

Pero Zoido ha hecho bien. Más allá del apoyo de González a la Expo, puesta en marcha gracias al esfuerzo de Casinello y Olivencia, y de su apuesta por el AVE, que es de las cosas buenas que se han hecho en España, esta designación como hijo predilecto de Sevilla a iniciativa de un alcalde del Partido Popular es un primer paso para que en nuestro país dejemos de juzgar, siempre por los errores, a los por mandato popular han dirigido las riendas del país.

No es que sea una entusiasta del modelo económico y social de Estados Unidos, pero el trato que los presidentes se otorgan unos a otros es ejemplar. Obama no ha mencionado, salvo para reconocer su trabajo, a Bush y este no critica lo que hace su sucesor aunque no le guste. El actual Presidente, aún hoy, pone en valor el amor al país del que fuera su adversario republicano John McCain y cuando el que es y los que han sido comparecen juntos, ni un solo norteamericano osa silbar y mucho menos abuchear a aquel a quien en su día no votó. Así ha sido desde los inicios de la democracia americana, capaz de ir creando una cadena de respeto e institucionalización que cohesiona y fortalece al país.

En España, a nuestros expresidentes nos ha faltado comérnoslos crudos. Bien es verdad que ellos mismos, en más de una ocasión han dado pie a que se diluya su figura institucional con declaraciones y ocurrencias impropias de quienes han experimentado la gloria y el dolor del poder, mostrándose incapaces de superar sus propios demonios.

La democracia española va acumulando «ex» y en algún momento habrá que empezar a mirar atrás sin ira y Zoido, alcalde del Partido Popular, ha puesto, con acierto, la primera piedra.

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