Julia Navarro – Escaño Cero – Quinientos golpes.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

La prima de riesgo se ha convertido en una pariente malvada que nos tiene sometidos a un continuo sobresalto. Si rozar los cuatrocientos puntos nos producía vértigo a cuenta de superarlos nos acostumbramos a que se podía vivir con esa prima de riesgo, pero quinientos puntos son quinientos golpes en nuestra economía.

Una vez traspasada esa frontera, una vez recibidos los quinientos golpes los ciudadanos nos preguntamos qué más puede hacer el Gobierno para calmar al voraz mercado. Porque desde su primer día de Gobierno Mariano Rajoy no ha parado de meter la tijera a los Presupuestos, tanto que de seguir así nos va a dejar un Estado difícil de reconocer. Subida de impuestos, rebajas de sueldos, recortes en Educación, Sanidad, asistencia social a los dependientes, investigación, obras públicas, lo cierto es que no hay partida presupuestaria que quede por recortar. Los planes de austeridad de Rajoy no es que hayan provocado que nos apretemos el cinturón, es que de seguir así no va a ser necesario ni el cinturón. De manera que Bruselas y los mercados tienen poco que reprochar a Rajoy porque ha respondido sin rechistar a todas las exigencias que nos planteaban y, puestos a ser austeros, ni la mismísima Angela Merkel va a poder darnos lecciones de austeridad. Y si Rajoy ha hecho los «deberes» impuestos por Merkel y los mercados la pregunta que cabe hacerse es ¿y entonces por qué la prima de riesgo nos da quinientos golpes, por qué la Bolsa sufre tantos vaivenes, por qué no tiramos para adelante tal y como nos había prometido si es que nos aplicábamos a llevar a cabo todas esas medidas de austeridad extrema?

Si con Rodríguez Zapatero las cosas iban mal, con Mariano Rajoy van peor. Y no crean que trato de reivindicar al anterior presidente de Gobierno, cuya gestión en tantos y tantos asuntos fue lisa y llanamente desastrosa. Solo que ni Rajoy ni sus recetas liberales están solucionando la situación económica de nuestro país. En definitiva, que esas recetas «merkelianas», amen de provocar sangre, dolor y lágrimas, no sirven para nada.

El caso es que si uno está enfermo y la medicina que le dan para curarse no solo no le cura si no que le agrava tendrá que cambiar de medicina. Creo que los responsables de la Unión Europea deben de cambiar sus recetas que solo le han servido a Alemania. Este país nos ha convertido a todos en súbditos obedientes a los que asusta con los rigores del infierno si no cumplen con sus criterios obsesivos de austeridad.

Me parece a mí que ha llegado el momento en que los políticos respondan a los intereses de los ciudadanos poniendo la economía al servicio de la sociedad y no a la sociedad al servicio de los mercados. Si las reglas con las que nos hemos regido hasta ahora provocan paro, recesión, pobreza, entonces habrá que cambiar las reglas. O los grandes partidos democráticos empiezan a cambiar y a embridar a los mercados o iremos de cabeza al caos. Ya estamos viendo el auge de los partidos extremistas en toda Europa. Si no han aprendido las lecciones del pasado estamos perdidos. ¿A qué esperan para hacer algo? Los quinientos golpes de la prima de riesgo nos han dejado el hígado y las espinillas destrozados.

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