Isaías Lafuente – El tratamiento y sus dosis.


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

No sé si a estas alturas, con una crisis bien formal, la Unión Europea está para cumbres informales. Pero la celebrada esta semana en Bruselas al menos ha tenido la virtud de introducir en el debate cuñas heterodoxas al férreo criterio defendido por Alemania e impuesto a sus socios en estos 30 meses negros que han hecho temblar los cimientos económicos, y también los políticos, de la Unión Europea. Aire fresco en un ambiente irrespirable, nuevos planteamientos que, como dijo el presidente francés, François Hollande, cuya entrada en el club ha actuado como revulsivo, al menos deberían considerarse. «De entrada, nada debería descartarse», dijo antes de sentarse en la mesa, anticipándose a los previsibles noes de Angela Merkel.

El pesimista podría ver en la situación un choque de trenes entre los dos grandes, Alemania y Francia, que han actuado en los últimos meses como auténtico directorio de la UE. El optimista verá que la vía se bifurca, que hay alternativas inexploradas que hasta ahora nadie había planteado con convicción y con la suficiente fuerza. El coro de momento se presenta disonante. Hollande defiende los Eurobonos mientras Merkel dice que los tratados no permiten mutualizar la deuda, como si no la estuviéramos ya mutualizando a través de los fondos de rescate o soportando las consecuencias derivadas de la irresoluble crisis griega. Rajoy no descarta el debate a medio plazo, pero pide soluciones más inmediatas, como que el BCE vuelva a comprar deuda en el mercado secundario o riegue de nuevo con dinero fresco a la banca europea para aliviar la presión de los mercados sobre nuestra deuda, algo que apoya Hollande. El presidente español rechaza «a día de hoy» que la banca española tenga que acudir al fondo de rescate, mientras Hollande insinúa que no es una posibilidad a desechar. Merkel mantiene su negativa a algunas de estas propuestas y considera inaceptable presionar la independencia del BCE, pero en su discurso comienza a aparecer la palabra crecimiento junto al mantra de la austeridad.

En definitiva, la Europa que ayer habló se parece más a Europa. Ahora es el momento de la política y de los acuerdos de cara a la cumbre, esta vez formal, del próximo mes de junio. Y quien más tiene que ceder es quien ha impuesto políticas que no sólo es que no hayan contribuido a solucionar el problema, sino que lo han agravado hasta cotas insoportables. Gracias a ellas el mal que arraigó en Grecia hace tres años, aún sin solución, se ha extendido hasta tocar a países como España e Italia. Con estos avales, Merkel debería entender que es hora de explorar otras fórmulas desde el convencimiento de que todos pueden llegar a compartir su diagnóstico, pero para algunos el tratamiento y sus dosis está resultando letal.

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