Esther Esteban – Más que palabras – Miedo.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Si un día es malo el siguiente es peor, y eso se traduce en miedo. España tiene miedo a ser intervenida. Tiene miedo a que se dispare la prima de riesgo, rozando lo que en su día provocó el rescate de Grecia o Irlanda. Tiene miedo a que Bruselas nos siga sometiendo a esta ducha escocesa que se hace infernal. Tiene miedo a que salga cada mes una EPA que dispara el número de parados. Tiene miedo a que Merkel sea cada vez mas radical en sus exigencias. Tiene miedo a que el descontento de los ciudadanos termine provocando una situación social insostenible. España tiene miedo a todo y el miedo nos tiene atenazados y nos asfixia tanto que apenas podemos respirar.

Los ciudadanos tenemos miedo a que cada día sea peor que el anterior y mejor que el siguiente. Tenemos miedo si hemos perdido el puesto de trabajo y si lo tenemos tememos no conservarlo. Tenemos miedo por nosotros y por nuestros hijos a quienes vemos marchar, maleta en mano, convertidos en los emigrantes mejor preparados de la historia. Tenemos miedo porque vemos nuestras pensiones en el aire y también porque si hay algunos ahorrillos estos terminen desapareciendo, en el tsunami de la crisis financiera.

Todos tenemos miedo y los políticos lejos de tranquilizarnos nos intranquilizan más. Hay un miedo real y otro escénico. El real lo tenemos en nuestra casa y lo padecemos en nuestras propias carnes. Nadie nos tiene que decir que todo va mal porque lo sabemos, vemos las colas del paro, el desbordamiento de instituciones como Cáritas o Cruz Roja, que no dan abasto repartiendo alimentos cada vez más escasos, vemos a nuestro alrededor todo tipo de dramas, desahucios de familias enteras, ancianos que solos y abandonados por todos. Pero también hay un miedo escénico que acrecienta el real, cuando vemos a los políticos sin soluciones, cada vez más enquistados en sus miserables peleas partidistas. Cuando nos escandalizamos por los casos de corrupción que se detectan en todas las instituciones y que recorre todas la geografía de Norte a Sur.

Si lo que queremos es acabar y cortar de cuajo la credibilidad del país, ya bastante mermada, la mejor receta es lo que estamos viendo. Vaya por delante que yo he sido y soy partidaria de las comisiones de investigación, pero también lo soy y mucho de las responsabilidades penales. Me parece muy bien que el Parlamento investigue el escándalo de Bankia, como deberían haber hecho los parlamentos autonómicos con casos como el de CCM u otros, donde se ha tenido que poner dinero publico para salvar entidades financiera. Me parece muy bien que se ponga en el punto de mira al Gobernador de Banco de España, que ha incumplido gravemente su misión fiscalizadora o de regulación. Pero eso no es suficiente. Aquí quien la hace debe pagarla sea del partido o del sindicato que sea o haya ocupado el cargo que haya ocupado. La fiscalía debe actuar ya. Los que se han llevado indemnizaciones millonarias después de haber llevado a la quiebra las cajas deben devolverlas ya, y si se apela a la transparencia que no se hagan distingos. Los ciudadanos tenemos miedo, y los culpables de habernos llevado a esta situación deberían estar aterrorizados por la acción de la justicia. Solo así, teniendo la sensación de que se está haciendo justicia de verdad, podríamos, al menos, mantener la esperanza.

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