Isaías Lafuente – Intervención o tutela.


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

El hecho de que la semana en la que un inédito Mariano Rajoy ha concedido la primera rueda de prensa en España y la Comisión Europea ha divulgado un borrador de medidas que alivian los plazos de cumplimiento de nuestro país, la tormenta de los mercados, lejos de amainar, haya arreciado hasta llevar la prima de riesgo a cotas históricas, es el ejemplo más elocuente de que junto a la monumental crisis económica, la política es de envergadura.

Es verdad que la comparecencia de Rajoy, destinada a generar confianza, dejó en el aire dudas sustanciales de las que tomaron buena nota los socios europeos y los mercados. La fundamental, la incertidumbre que suscita el hecho de que el Gobierno que ha decidido nacionalizar la cuarta entidad del país no tenga aún decidido, veinte días después, cómo piensa financiarla. Mario Draghi ha dicho que el Gobierno actuó de la peor manera posible con Bankia, subestimando el problema. Si a ello se une que las previsiones de inyección de las que habló el ministro Luis de Guindos, se multiplicaron por tres dos días después, o que el presidente tuvo un resbalón de campeonato al confesar que no estaba al tanto de lo que sucedía en el Ministerio de Hacienda, siendo el coordinador económico del Gobierno, se entiende la desconfianza sobre la gestión de la crisis.

Dicho esto, aunque el Gobierno español, desbordado por los acontecimientos, haya cometido errores de bulto en el procedimiento, no merecería el castigo añadido de que Europa no articule medidas de sentido común, como una recapitalización directa de Bankia por el Fondo Europeo de Rescate, algo que solo requeriría un cambio legal de este instrumento. Se tenía que haber negociado con Bruselas antes de la nacionalización, cierto, pero si es una medida viable nada debería impedir adoptarla.

El borrador que maneja la Comisión Europea y que permitiría a España retrasar un año el compromiso de rebajar el déficit al 3 por ciento es un balón de oxígeno a nuestro país. Pero tendrá su precio. Las contraprestaciones que exige la Unión Europea establecen una serie de recomendaciones imperativas -nuevos ajustes, supervisión y vigilancia de las cuentas, medidas fiscales a las que el gobierno se resiste, como la subida del IVA- que se verá si aflojan la soga o aplazan el ahogo. En todo caso, cuando se debate sobre si España será o no intervenida, lo que parece claro es que, al menos, será tutelada, que es una forma sutil de intervención.

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