Charo Zarzalejos – Chicos, dadnos una alegría.


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

El viernes, después de una semana negra, el presidente del Gobierno despidió a la Selección Nacional de Futbol, «La Roja», que ya ha emprendido su periplo cara a la Final. Los que están próximos a él, aseguran que «está tranquilo porque está haciendo lo que cree que tiene que hacer». Rajoy es un hombre con aplomo, pero en su despedida no pudo evitar dar rienda suelta, siempre de manera comedida, a algo que nos iguala a todos los mortales. Todos somos, todos tenemos sentimientos, alma y corazón y es esto y no nuestra cualificación profesional o social lo que nos permite con igual facilidad sentirnos profundamente desgraciados o emocionarnos hasta lo infinito ante la belleza. Sentirnos o no felices.

De acuerdo con uno de los mayores estudios sobre la felicidad, el World Gallup Poll, comparando la satisfacción vital en 155 países, los españoles ocupamos el puesto 43, detrás de naciones como Honduras, Jamaica o El Salvador. Japoneses y franceses son menos felices que nosotros. Se concluye también que la felicidad es rentable y se demuestra como un empleado que se siente desgraciado es menos eficaz en su trabajo que aquel que es capaz de tener una visión optimista de sí mismo y de lo que le rodea. El enfermo que es capaz de asumir su situación sin dolerse de sí mismo, sin caer en la autocompasión, se cura antes.

Es más que probable que el presidente del Gobierno tenga sus momentos de desaliento. Su fama de hombre tranquilo no le libra de los males humanos. Lo que sí es seguro es que es bien consciente del estado de ánimo de la sociedad española, vapuleada por el paro y escoltada de manera permanente por una insolente prima de riesgo. Los españoles estamos alicaídos y preocupados. Angustiados por un futuro incierto para nosotros y nuestros hijos y como el presidente lo sabe no se recató a la hora de hacer un llamamiento a «La Roja» pidiéndoles algo así como «chicos, dadnos una alegría que la necesitamos».

Hemos llegado a un punto que incluso a los que ni nos gusta ni entendemos de fútbol, un triunfo de nuestra Selección supondría una muy especial alegría. Los no futboleros nos emocionamos con el triunfo de nuestro equipo en el Mundial del 2010. Ahora, un triunfo similar supondría una emoción redoblada. Primero, porque cualquier triunfo de España nos enorgullece y, segundo, porque ahora más que nunca necesitamos de un punto de autoestima y salir a la calle para sentir el calor de la alegría compartida.

No debemos poner en la mochila de nuestros jugadores la carga de que nos proporcionen la felicidad perdida. No está en sus piernas sacar al país de la situación de decaimiento en la que se encuentran sus ciudadanos, pero no cabe duda de que un triunfo supondría un subidón en nuestra maltrecha moral ciudadana.

Necesitamos salir de donde estamos y creernos capaces de comernos el mundo. Necesitamos arrinconar nuestras malas vibraciones, nuestro decaimiento y empezar de nuevo. ¿Por qué no soñar que el triunfo de nuestra selección puede suponer el punto de inflexión en nuestro estado de ánimo?. Soñar es gratis, pero no absurdo. María Zambrano sostiene que solo conseguimos lo que antes hemos soñado. «Chicos, por favor, dadnos una alegría».

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