Luis del Val – Cultura del esfuerzo.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Veintidós premios Nóbel reunidos en Valencia, y que han pasado tan inadvertidos como si una asociación de amas de casa de Modorro de los Infantes hubiera organizado una excursión a la playa, han firmado un manifiesto en defensa de la investigación en España y una llamada a la cultura del esfuerzo. Podríamos decir que cultura del esfuerzo es un termino redundante, porque es imposible adquirir cultura sin esfuerzo, aunque los sabios lo proclaman en el sentido de recuperar el prestigio del trabajo difícil, de volver a poner en la jerarquía de valores de la sociedad la idea de que todo lo que merece la pena es muy costoso en tiempo y en dedicación. Y no sólo en los campos profesionales de la investigación, sino en todos los ámbitos. Cuesta mucho mantener un amor, educar a unos hijos, conservar una familia, pagar una hipoteca, mantener un puesto de trabajo, sofocar el egoísmo, ayudar a los amigos. Cuesta mucho mantener la dignidad, soportar los desprecios, aguantar las corrupciones, contemplar, no ya la impunidad, sino la exaltación de los golfos. Y esa gente que resiste, y esos científicos que ayudan a que vivamos más años y venzamos la enfermedad y mitiguemos el dolor, son los que mantienen los palos de este débil sombrajo, de esta efímera trama tan llena de fantasmas, tan colonizada por los frívolos, tan acaudillada por ignorantes prosopopéyicos. ¡Cultura del esfuerzo! ¿Y que significa eso? Pues es, ni más ni menos, que la antonimia de la cultura del pelotazo.

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