Cayetano González – Pesimismo.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) pone blanco sobre negro algo que se corresponde con la gravedad del momento que estamos viviendo: el 90,2 por ciento de los ciudadanos consideran que la situación económica es «mala» o «muy mala», lo que supone un incremento de 50 puntos respecto a la percepción que existía hace cuatro años. Pero no acaban ahí los datos negativos de este estudio ya que el 72,7 por ciento de los encuestados cree que dentro de un año estaremos «igual» o «peor» en lo que a la situación económica se refiere.

Parece lógico que en un país donde se roza la cifra de cinco millones de parados; donde en más de un millón de familias ninguno de sus miembros tienen trabajo; donde todos los días hay un bombardeo continuo de noticias negativas sobre la marcha de la economía; donde el Gobierno se ve obligado a tomar una serie de medidas en forma de subida de impuestos o de ajustes y recortes que afectan directamente al bolsillo de los ciudadanos, estos, cuando se les pregunta, transmitan un estado de pesimismo existencial muy difícil de erradicar. La única medicina que curaría ese mal es que poco a poco se fuera viendo la luz al final del tunes. Pero, ¿quién se atreve a pronosticar cuando empezará a suceder eso?

Mientras tanto, los ciudadanos también esperan que en tiempos de crisis y de apretarse el cinturón casi hasta la extenuación, sean los políticos y los responsables institucionales los que empiecen a predicar con el ejemplo. Algunos lo hacen, pero todavía queda mucho trecho por recorrer como ha puesto en evidencia la última propuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, de reducir a la mitad -de 129 a 65 exactamente- el número de diputados en la Asamblea de Madrid. Parece una propuesta llena de sentido común, por la sencilla razón de que los ciudadanos madrileños estarían igualmente representados en un Parlamento con 65 diputados que con el doble, y sin embargo, el ahorro en sueldos, secretarias, dietas, despachos, etc., sería considerable.

Esperanza Aguirre tiene la virtud de atreverse a plantear en público cuestiones que otros dirigentes de su partido no hacen aunque lo piensen. Tras la reunión que mantuvo hace unas semanas en el Palacio de la Moncloa con el presidente del Gobierno y de su partido, Mariano Rajoy, la presidenta madrileña planteó una reducción drástica de las competencias de las autonomías que supondría, entre otras cosas, la desaparición de 48.000 cargos públicos de las 17 comunidades autónomas. «Ya buscaremos trabajo en otro sitio», dijo Aguirre. Pero ese es uno de los mayores problemas de la actual «casta» política: que si desaparecen los chiringuitos que se han ido montando en estos años para colocar a los amigos y fieles de este u otro partido, ¿qué sería de muchos de ellos?

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