Andrés Aberasturi – Antón Pirulero.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

Vale. Reunión doble a puerta cerrada del presidente del Gobierno con su equipo económico. Salida digamos que «precipitada» y, naturalmente silenciosa, de Rajoy. La prima de riesgo alcanza máximos históricos. El interés roza un desconsolador y gravísimo 7 por ciento. La dichosa agencia de calificación con nombre de grandes almacenes, Mood»y»s, nos sitúa a un paso de una país basura y pregona a los inversores de esta forma que podemos caer en cualquier momento en el impago. Salida más tranquila de De Guindos y ¿a qué no se imaginan los que pide? Pues nada menos que calma y mucha tranquilidad. Lo siento ministro, pero no va a ser fácil. Y no lo va a ser porque en Europa y en España están como la vieja canción infantil de Antón Pirulero, cada cual atendiendo a su juego sin darse cuenta -creo- que este juego o lo ganamos todos o todos lo perdemos.

Por partes. Los periódicos han teñido todas sus páginas de color salmón y salvo cuatro patochadas de independentistas y demás bildus, la vida es economía, prima de riesgo, ajuste, impuestos, créditos y… rescate, esa palabra maldita ahora para este Gobierno del PP como lo fue la palabra «crisis» para el de Zapatero. Y acompañando estas horas trágicas, haciendo patria -que en esta emergencia económica nacional y europea nada tiene que ver con el rancio patrioterismo sino más bien con salvavidas- una oposición que practica las enseñanzas de las catilinarias: «No es el momento de criticar a este gobierno que lo está haciendo rematadamente mal, no vamos a ser tan insolidarios como ellos pese a que cada día se equivocan más y peor…» O sea, echando una manita. Y los mineros, tan admirables siempre con su mitología ganada a pulso pero que esta vez se equivocan; a los mineros y a los vendedores de coches (por poner un ejemplo) les unen los mismos problemas pero los vendedores de coches no se echan al monte, ni usan dinamita ni ponen, presuntamente claro, troncos en las vías de un tren que casi matan a un ciudadano. Y así todo. Dice Almunia que no estaría de más dejar caer algún banco imposible de rescatar -algo que comparten muchos expertos- y el PP pide su dimisión; pues que vayan a las hemerotecas y lean las cosas que dijo don Joaquín durante el Gobierno socialista: fue igual de duro porque su labor no es defender a España sino analizar lo que ocurre en Europa. Y mientras Merkel nos dedica hermosas palabras, el Banco central Europeo, esa cosa que habría que cambiar ya mismo y acercarlo al modelo de la reserva federal USA, guarda un silencio y una inactividad casi insultantes poniendo en peligro nada menos que el euro.

En el plano supranacional tiene razón el FMI cuando insinúa que sería bueno que Europa hablara con una sola voz y lanzara menos mensajes contradictorios. Y en el plano nacional tienen razón -creo que la tenemos- los que creemos que las reformas de Rajoy en estos cinco meses han sido importantes pero faltan las fundamentales: redimensionar la administración ya, lo cual nunca se hará porque les da pánico a todos tocar las autonomías, y aclarar de una puñetera vez -no dando una pista hoy y otra pasado mañana- las condiciones del préstamo de los cien mil millones a las entidades financieras que creíamos que iba a ser el maná salvador y resultó ser la peste negra.

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