Pedro Calvo Hernando – Contra todo sectarismo.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

El último y sonado signo de sectarismo de la derecha política ha sido esa petición (no avalada por Rajoy) de que dimitiera Joaquín Almunia de su cargo europeo por haber dicho algo absolutamente razonable, como es dejar caer o disolver a los bancos que se demuestren inviables, en lo que ha coincidido además con la opinión de muchos dirigentes y desde luego con el pensamiento de cualquier persona razonable. O sea, que Almunia tiene que dimitir por una opinión razonable, pero no tiene que dimitir toda esa caterva de personajes que nos han arrastrado a la situación calamitosa en que nos encontramos, a no ser que se trate de algún socialista. Es como lo de los ERE andaluces, donde a su juicio se concentra toda la corrupción político-económica de este país, cuando ya sabemos que a los culpables de eso hay que hacerles pagar por sus culpas, por supuesto, pero que no pueden ni compararse con las culpas del territorio Correa y del terrorífico tsunami de corrupción masiva y oceánica que ha envuelto a diversos entornos del PP en los últimos años.

El sectarismo es el peor consejero para gobernar un país, y todavía más cuando ese país, el nuestro, se encuentra en una situación límite. Si Dios no lo remedia, enseguida veremos ese sectarismo trasplantado a la radiotelevisión pública, después de la intolerable operación de desmontaje del sistema democrático y de imparcialidad que se había implantado seis años atrás. Imaginen toda esa historia de negación de la verdad y de juegos falsos de palabras en torno a las nomenclaturas de los rescates en cuanto que se corporice en el seno de RTVE, Dios no lo quiera. Es como en otros medios, donde dicen que está prohibido denominar La Roja a la selección nacional de fútbol, no sé por qué será, porque lo que sospecho me parece tan ridículamente sectario que no paso a creérmelo. Modestamente, pienso que la situación en España exigiría un comportamiento serio y honorable por parte de todos. Un comportamiento de ciudadanía libre y democrática, sin lo cual no hay salvación. Y ahí no tendría que haber diferencias de derecha ni de izquierda.

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