José Luis Gómez. A vueltas con España – ¿Merece Dívar una salida digna?.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

El pleno del Consejo General del Poder Judicial en el que se decidía el futuro de su controvertido presidente, Carlos Dívar, ha buscado «una salida digna» -le llaman así- para el juez viajero a Puerto Banús, que como pronto dimitirá el próximo jueves. Por tanto, Dívar podrá presidir este lunes los actos del bicentenario del Supremo, curiosamente sin contar con la confianza del máximo órgano de los jueces, lo cual resulta poco menos que esperpéntico y prueba cómo está España. Para colmo, semejante puesta en escena coincide con el homenaje a la histórica Constitución de 1812, pórtico de la creación del Tribunal Supremo del Reino de España y de las Américas, de ahí la invitación a la recepción del lunes a los presidentes de las Cortes Supremas de América Latina. Como dijo el periodista Iñaki Gabilondo, «¿no les parece lamentable que con la que está cayendo estemos aquí a vueltas con el «caso Dívar»?». ¿Acaso merece Dívar una salida digna?

Pero el dichoso «caso Dívar» tiene en realidad más flecos de puertas adentro. Una vez que pasó lo que pasó y que Carlos Dívar llegó al extremo de aportar datos falsos de manera reiterada para justificar sus largos fines de semana pagados a cuenta de todos, ¿en qué situación queda el pleno de lo Penal del Tribunal Supremo que lo absolvió por once votos a cuatro? Y no solo eso: ¿qué dirá ahora la Fiscalía sobre la decisión del teniente fiscal del Tribunal Supremo Juan José Martín Casallo de archivar la denuncia del vocal del Consejo General del Poder Judicial José Manuel Gómez Benítez contra Carlos Dívar? ¿O mejor nos olvidamos de ambas cosas, que es algo muy español cuando se trata de juzgar y/o valorar a los poderosos?

En el sector financiero, donde algunos han hecho jugadas tipo Dívar pero a gran escala, más de uno se habrá sentido aliviado, al constatar este fin de semana que la cúpula de la Justicia española suma a sus conocidas virtudes la de saber encontrar salidas dignas. Así que tranquilos, que aquí no pasa nada. Y si pasa, tampoco pasa nada. ¿O sí?

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