Antonio Casado – Rubalcaba se ofrece.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

A falta de debate sobre el estado de la Nación, como oportunidad perdida para Pérez Rubalcaba, el líder del PSOE dio testimonio de sí mismo en un céntrico hotel de Madrid. Es un ejercicio muy útil analizar su esfuerzo por mantener un discurso equidistante la necesidad de diferenciarse políticamente del Gobierno del PP y la exigencia de su propia responsabilidad como hombre de Estado obligado a ejercer de oposición «constructiva».

En la descripción de los síntomas no se corta un pelo. Como tampoco se cortaban los dirigentes del PP a la hora de describir el reinado de Zapatero en su segunda Legislatura. El Gobierno Rajoy sale perdiendo si se aplica el mismo sistema de medición que entonces. Seis meses después todos los indicadores han ido a peor: crecimiento, paro, deuda y prima de riesgo y Rubalcaba no pierde ocasión de ponerlo de manifiesto. Es su resorte argumental para sentenciar que en estos seis meses España ha perdido confianza a chorros.

«No seré yo quien niegue que la situación que encontró el señor Rajoy era difícil, pero lo cierto es que ahora está peor por las decisiones y los errores del Gobierno del PP», dijo en su comparecencia pública de este martes, antes de referirse a la imprevisibilidad de Rajoy (hacer lo contrario de lo prometido), el empeño en retrasar los Presupuestos por razones electorales y, sobre todo, la obsesión de buscar culpables en lugar de buscar soluciones a los problemas del país.

Casa mal la negrura del relato con la declarada disposición del PSOE a arrimar el hombro, reducida a la oferta de «un gran acuerdo de unidad» para salir de esta situación. No digo que sea insincero o que el relato se aleje de la realidad. Digo que para ser creíble el ofrecimiento debería acompañarse de cierta generosidad con el adversario al juzgarle. No es el caso. Incluso en asuntos no cerrados, como la subida del IVA o nuevos recortes en pensiones y desempleo, Rubalcaba anuncia «un estruendoso NO» a título preventivo.

O sea, por un lado ofrece apoyo al Gobierno de España en Europa si se trata de defender políticas de crecimiento o un impuesto a las grandes fortunas, y por otro anuncia que seguirá recurriendo ante el Tribunal Constitucional aquellas decisiones que, a juicio de los socialistas, ataquen o vulneren nuestra Carta Magna. Como la amnistía fiscal o la reforma del mercado de trabajo.

Con los papeles cambiados, las dificultades para que los dos grandes partidos del espectro político nacional aparquen sus diferencias siguen siendo prácticamente las mismas que antes de las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011. Si el PP celebraba las malas noticias económicas como un peldaño más de su ascensión al poder, sin apearse de su presunta disposición al diálogo, la historia se repite.

Las diferencias entre un tiempo y el otro son, en todo caso, de matiz. Básicamente el poder se imita a sí mismo, con independencia del sesgo político de su titular. Y la oposición, idem de idem.

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