Francisco Muro de Iscar – Ni pensamiento de autocrítica.


MADRID, 28 (OTR/PRESS)

Se pregunta Javier Gomá, uno de los pocos filósofos españoles que trata de estar no sólo cerca de las inquietudes de los ciudadanos sino en comunicación, a veces provocadora, con ellos, si el siglo XXI será «el del retorno al arte y la cultura de la responsabilidad y la sociabilidad perdida». Hay pocas esperanzas de que sea así, porque vivimos la cultura de lo efímero, la política de lo efímero, la información de lo efímero. Todo lo que es portada hoy, causa de movilizaciones sociales, reivindicación política, solución final a los problemas económicos, arte de vanguardia, mañana desaparece de las portadas y de las conciencias sociales y es sustituido por otras cuestiones, igual de efímeras.

Europa debate este fin de semana soluciones de fondo a la peor crisis de las últimas décadas pero nadie confía en que haya ningún acuerdo duradero que ponga las bases para luchar contra esa crisis que devora todo de forma caótica, desordenada e inútil. Y no pasa nada. Hay enormes contradicciones en esta sociedad en la que vivimos y en la que parece que nadie sabe qué hay que hacer para no acabar en el abismo. Por ejemplo, España se afianza como líder mundial en la formación de directivos, gracias a nuestras Escuelas de Negocios, pero carecemos de líderes políticos y empresariales -hay algunos excelentes, pero también otros indecentes, por ejemplo en el sector financiero o en el político- que abran caminos de innovación y de desarrollo. Aunque tenemos algunas de las mejores Escuelas de Negocios del mundo -IESE, IE, ESADE, ESIC- parece como si nadie tuviera un «plan de negocio» para el país, para las empresas, para la economía. Vamos a ciegas y nos damos, o nos dan, unas bofetadas descomunales. Se reacciona por impulsos y llegan más bofetadas. El único plan que funciona, al menos por ahora, es el de la selección española de fútbol o el de deportistas de elite como Rafa Nadal o Fernando Alonso.

Pero es que, además, falta autocrítica. Están auditando a los bancos españoles -con resultados manifiestamente mejorables- y se hace con las Universidades -ninguna española entre las 200 primeras del mundo-, pero no con las empresas públicas o con los parques científicos, 77, que tenemos en España, los teatros nacionales o autonómicos o los museos, ni con organismos que tal vez no se justifican porque no producen nada. Eso sin hablar de las Administraciones públicas, de órganos como el Tribunal Constitucional o el Consejo del Poder Judicial, de las autonomías, los ayuntamientos, los partidos o los sindicatos. Aquí nadie se somete a ningún control ni rinde cuentas. Ni falta que hace. Consumimos información, cultura y política, pero no producimos pensamiento ni autocrítica. Y eso es lo que nos pasa, que nadie sabe se responsabiliza ni sabe qué hay que hacer ni tiene propuestas. Esa carencia nos arruina y nos mata. Ni responsabilidad ni sociabilidad. Sólo tratamos de sobrevivir a solas.

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