Pedro Calvo Hernando – De las musas al teatro.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

La verdad es que el triunfo europeo de La Roja nos ha teñido a todos de un agradable color de alegría y de moderado optimismo, que mientras dure, dura. Los favorables datos del descenso del paro en junio de casi cien mil personas han contribuido a subrayar esas buenas sensaciones. Es evidente que los españoles necesitamos estas cosas para no hundirnos en el averno. Es verdad aunque Rajoy y su Gobierno nos amenazan con la exigencia de «esfuerzos adicionales» en los próximos meses, es decir, más disgustos y más recortes todavía, pero aquellas sensaciones nos ayudarán, espero, a sobrellevarlo todo sin tentaciones de desesperación. Me quedo asombrado yo mismo de lo poco con lo que me conformo cuando atisbo en el horizonte una mínima brizna de luz. Luego dicen que los españoles somos intransigentes y extremistas. Pero que no. A ver quién hay que no desee que el Gobierno acierte como lo ha hecho Vicente del Bosque. A ver. Espero que a Mariano Rajoy, a quien tanto le gusta el fútbol, el trabajo y la actitud del seleccionador y del equipo nacional le sirvan como el mejor de los ejemplos.

Bueno, es verdad que algo comienza a cambiar tímidamente y que ocurre tal cosa desde que la victoria en Francia de François Hollande entró en el mundo de las convicciones colectivas. Que Pérez Rubalcaba no minimice esta constatación atribuyéndose a sí mismo y a su partido méritos que no tienen. Si lo bueno era el crecimiento y no la austeridad, años de sobra tuvieron para intentarlo. Y desde mayo de 2011, todos tuvimos la oportunidad de uncirnos al carro del 15-M para ayudarles a convertirse en la gran opción política para el cambio en profundidad que necesitaba y necesita este país nuestro. Me refiero a toda la izquierda, la mayoritaria, la minoritaria, la clásica, la moderna, la vertebrada, la todavía invertebrada. Pero también al universo progresista español, más amplio que la estricta izquierda. Nunca hubo un aglutinante mejor que la ideología del 15-M, a la que solo le faltaba y le falta precisamente la necesaria estructura para llevar al teatro las ensoñaciones de las musas.

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