Fermín Bocos – Caiga quien caiga.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Menos mal que todavía hay jueces en España. Que uno de ellos (Fernando Andreu) haya admitido a trámite la querella contra una treintena de exmandatarios de Bankia interpuesta por directivos del partido UPyD -a reserva del resultado del proceso-, nos devuelve la confianza en el sistema de contrapoderes que es la base del Estado de derecho.

Falta hacía. Mucha. Porque la sensación de que los poderosos que habían pasado por la alta dirección de Bankia (todos ellos políticos o puestos en la cúpula del banco por los políticos) se iban a ir de rositas estaba muy extendida y había traspasado el umbral de la intuición para cristalizar en evidencia tras comprobar que la vía parlamentaria de investigación fue cegada en su momento por el PP sin que el PSOE levantara mucho la voz, todo hay que decirlo. Rodrigo Rato, exvicepresidente del Gobierno; José Luis Olivas, expresidente de la Generalitat valenciana; y Angel Acebes, exministro del Interior, encabezan la lista de la treintena de mandatarios de una entidad (Bankia) que según el decir de la querella presentada y admitida «experimentó un deterioro patrimonial que fue creciendo progresivamente en un breve espacio de tiempo pasando el balance en pocos días de unos beneficios declarados de 305 millones de euros a unas pérdidas de 2.979 millones de euros». El escrito admitido denuncia que los consejeros de Bankia y Banco Financiero y de Ahorros (BFA) «distorsionaron las cuentas de ambas entidades para crear la ficción de que su situación patrimonial era mejor que la realmente existente». Pero hay más. También se habla de «maquinación para alterar el precio de las cosas» y de «posible administración desleal o fraudulenta» por los copiosos blindajes y prejubilaciones.

Era tan grande el artificio y tan comprometedor en términos políticos que confiaban que el «sistema» (la partitocracia en la que estamos instalados), no les dejaría caer. La primera parte del cálculo se ha demostrado correcto. El Gobierno Rajoy ha decidido rescatar Bankia (y a otras entidades en situación similar) sin exigir responsabilidades a ninguno de los gestores que han llevado a la cajas al desastre. Las circunstancias han cambiado; afortunadamente vivimos en un Estado de derecho. Respetando la presunción de inocencia, que los responsables del caso Bankia acaben sentado en el banquillo nos devuelve la confianza en la justicia. En los políticos hace tiempo que la perdimos. Así lo reflejan todas las encuestas.

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