Andrés Aberasturi – Que te compre quien te entienda, justicia


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

No parece muy tranquilizador que un día sí y otro también el ciudadano se sorprenda con las cosas que ocurren en los juzgados, con algo tan esencial como la Justicia para un Estado de Derecho. Y no sólo me refiero a los grandes casos mediáticos sino a las decisiones digamos «menores» -lo entrecomillo porque no hay decisiones menores- y que son el pan nuestro de cada día. No hablo del juicio del 23-F con un solo civil sentado en el banquillo, ni de los GAL, ni del 11-M ni de tantos otros juicios ya celebrados y cuyas sentencias podrían ser más que discutibles. No me refiero tampoco al escándalo que en España sigue siendo esa figura retórica que es el secreto sumarial y que se publica por entregas en cualquier periódico vaya usted a saber cómo. Tampoco toca ahora volver, una vez más, sobre la contaminación partidista de los grandes tribunales ni de las cosas que se llegaron a decir en las últimas aventuras del exjuez Garzón y no pienso recordar al fiscal general del estado, Conde Pumpido, cuando se refería a la subordinación de la Justicia a la situación política. Sobre todo esto se ha escrito mucho ya aunque seguramente nunca es suficiente si de lo que se trata es de salvar de alguna manera la independencia de ese poder.

Hoy me refiero a decisiones judiciales a las que una ciudadanía confiada no puede dar crédito, a esas noticias con las que nos obsequian de vez en cuando los medios de comunicación como de pasada cuando se deja en libertad a un tipo que ha sido detenido ya un centenar de veces o a sentencias del tipo de aquella tan traída y llevada de la «minifalda». Y viene esta reflexión a cuenta de que no todo puede ser escribir sobre economía y por dos -digamos entre comillas- «excentricidades» ocurridas en las últimas 24 horas. La primera ocurría en Fuengirola; un joven se abalanza sobre un policía municipal que desayunaba en un bar con su compañero, le pone un cuchillo en el cuello y le exige que le de la pistola. Tras un forcejeo es reducido y detenido. Todo está grabado y hay testigos. Pues bien, llega el asunto al juez que decide poner al agresor en libertad, eso sí, con cargos. ¿Alguien lo entiende? La policía, desde luego no; ni yo.

El otro asunto, de mayor calado aunque no para los municipales que protagonizaron lo anterior, es la sorprendente y descabellada decisión del juez de vigilancia penitenciaria José Luis Castro que ha dado luz verde al traslado del preso de ETA Jon Koldo Aparicio -uno de los «duros» de la banda terrorista- desde El Puerto de Santa María a Basauri para realizarse ¡pruebas de fertilidad! Naturalmente esas pruebas se hacen en cualquier laboratorio de España e ignoro lo que nos va a costar a todos trasladar al etarra a mil kilómetros y volverlo a llevar al Puerto. La decisión no la entiende el Fiscal, claro, ni seguramente usted ni, por supuesto, yo. ¿Es esta la justicia que tenemos? ¿Así funciona el día a día en los juzgados? Entonces, Justicia, que te compre quien te entienda.

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