Antonio Casado – Nueva ola de recortes.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

No nos trae buenas noticias el último barómetro del CIS, donde se registra un récord de pesimismo respecto a la situación económica de nuestro país. Más de un 90 por ciento de los españoles creen que es «mala» o «muy mala». Y quienes creen que será peor dentro de un año doblan a los que opinan que va a mejorar. El panorama es como para hacer cola en los aeropuertos.

Sin embargo, las doctrinas reanimadoras tienen pocos adeptos en Moncloa, siempre pendiente del faro de Berlín. Y es el caso que Angela Merkel sigue encabezando la cruzada europea contra el déficit público, lo cual significa más recortes. El presidente del Gobierno ya nos ha dicho que los recortes, como las bicicletas de Fernando Fernán Gómez, también son para el verano. Lo anunció el lunes en Sevilla ante la Junta Directiva del PP. Con otras palabras, claro: «Hay que apretar el acelerador de las reformas». Es su forma de advertir sobre el uso de la tijera.

La siguiente oleada «reformista» subirá el umbral de resistencia de los españoles, puesta a prueba desde el «tijeretazo» de Zapatero (mayo 2010). O sea, subida del IVA, nuevos hachazos salariales a los funcionarios y más recortes en Sanidad, porque el déficit amenaza con volver a desmadrarse como ya se desmadró a finales del año pasado. No sorprende ese pesimismo que no cesa respecto a la marcha de la economía, a juzgar por los resultados del último barómetro del CIS conocido este miércoles.

Una inquietante novedad aparece en el sondeo. Me refiero al retroceso en la confianza en los bancos. El trabajo de campo (2-11 de junio) coincidió con la petición de rescate bancario formulado por el Gobierno de España ante las autoridades de la UE, aunque peor hubiera sido que hubiera coincidido (casi un mes después) con la causa judicial abierta en la Audiencia Nacional contra exdirectivos de Bankia.

Se entiende el estupor de la gente por la desigual asignación de sacrificios para salir del agujero. Siempre tenderemos a comparar el rescate de los bancos con el abandono a su suerte de miles de familias avocadas a la indigencia y el desahucio. Aunque peor que ese sentimiento de agravio comparativo es el deterioro de la confianza en la Banca como depositaria del ahorro popular. El caso es que los bancos han escalado en el ranking de las principales preocupaciones de los españoles, encabezado por el paro, la economía y la clase política.

Tampoco anima la recelosa mirada que nos dedican nuestros socios europeos. El mismo hecho de que los PGE del año en curso acaben de ser aprobados por el Parlamento, por increíble que parezca, es una anomalía a los ojos de la UE y de nuestros acreedores, convencidos de que la diferencia entre ingresos y gastos no bajará hasta el 5,3 por ciento de déficit comprometido con Bruselas. Y ni aún así nos vamos a librar de más recortes. A la vista de los antecedentes, no van a romper el círculo vicioso que se abre con los recortes en nombre de la austeridad y se cierra con la recesión a causa de la austeridad.

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