Fernando Jáuregui – La (der)IVA de Mariano Rajoy.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Regreso de Benidorm, donde he actuado en una nueva etapa del programa «Emprendedores» que me hace recorrer desde hace cuatro meses diversas localidades de España en busca de casos ejemplares de gentes que no se resignan a subsistir del desempleo, a buscarse un puesto de funcionario o a emigrar en busca de oportunidades en el extranjero. Esta ciudad alicantina es un modelo, quizá algo desordenado urbanísticamente, de emprendimiento: las iniciativas relacionadas con el turismo -y no sólo- hacen bullir constantemente, a todas horas y todos los días del año, las calles; bares y restaurantes están repletos y los hoteles registran más que aceptables cifras de pernoctación. Y, sin embargo…

Y, sin embargo, la alarma se ha instalado en Benidorm. Y en todas las localidades turísticas de España, claro. Si aporto el caso concreto de esta ciudad es porque, durante mi estancia y mis conversaciones con empresarios consolidados y con emprendedores y autónomos que buscan crearse salidas, he percibido la preocupación que los constantes rumores acerca de modificaciones en el Impuesto sobre el Valor Añadido suscitan en el sector hostelero y en el turístico en general (en el acto al que asistí había representantes de cualificados de ambos sectores). Una subida de diez puntos en el IVA turístico, como parece que ha llegado a estudiarse, significaría una catástrofe, me dijeron todos, muy difícil de evaluar. Pero algunos «tour operadores» ya han amenazado claramente con llevar a sus clientes a otros puntos -preocupante porque el norte de Africa ha vuelto a ser un destino atractivo- si se concretan esos planes de subir el IVA en el sector del 8 al 18 por ciento. Máxime cuando Rajoy, en la campaña electoral, prometió bajar al 4 por ciento este impuesto para la hostelería y otras actividades turísticas.

Ni soy especialista ni tengo intereses en la materia, pero cualquier observador superficial puede ver que un incremento de al menos un diez por ciento en los precios de las facturas al cliente puede hacer que muchos turistas, y no pocos «tour operadores», busquen otros parajes más baratos. Y el analista más lerdo constata que poner en riesgo la primera industria nacional, la más afianzada y la que actualmente está menos sujeta a los vaivenes de los mercados, sería tremendo desatino.

¿Cómo no comprender las dificultades del Gobierno que encabeza Mariano Rajoy para que le cuadren las cuentas? Pero ni todos los recortes valen, ni todos los planes de austeridad extrema parecen, a ojos de algunos expertos, los más adecuados para una recuperación de la economía. Desde luego, subir nada menos que en diez puntos el IVA turístico parece, a primera vista, un paso de sumo riesgo. Y si, encima, ese paso se diese en un Consejo de Ministros de mediados de julio, en pleno «boom» de la temporada, para mí al menos resultaría incomprensible. Me lo expliquen, por favor.

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