Carlos Carnicero – Euskadi, tenemos un problema


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

Uno de los mantras más repetidos, sobre todo en los momentos que ETA todavía golpeaba con sus atentados a la sociedad española, era que «sin violencia todo es posible». La zanahoria puesta al mundo abertzale hacía referencia a que en el marco de la Constitución y del Estatuto de Gernika las opciones independentistas tenía cobijo sin límites.

Ahora los estudios demoscópicos indican un mapa vasco con el PNV como ganador, seguido por la izquierda abertzale recién legalizada, un decadente PSE-PSOE y un estancado Partido Popular. La diferencia de votos entre el PNV y los abertzales sería solo de setenta mil votos. Y a partir de ahí, las quinielas para formar gobierno en la práctica quedarían reducidas a un pacto entre el PSE-PSOE y el PNV o el entendimiento de Urkullo con el partido heredero de ETA. España se va a tener que acostumbrar a que la Izquierda Abertzale tengo un gran poder institucional y a la eventualidad de que esté en el ejecutivo vasco.

El problema no radica tanto en el contenido del gobierno vasco sino en la proyección de que el universo que estaba hasta hace poco subordinado a ETA llegue a alcanzar el gobierno vasco. En Euskadi sigue existiendo una gran desafección hacia la actual configuración de España. No se ha conseguido durante más de treinta años instalar la creencia de que Euskadi es más libre y más poderosa dentro de España que con un pie fuera. Y lo que sería más preocupante: quienes estuvieron vinculados a ETA terrorista no pagan peaje por esa dependencia cuando la organización terrorista todavía no se ha disuelto.

Euskadi necesita oficios de estadista en su interior y en la relación que el estado español tenga con ese territorio. Una de las tragedias de España es la permanente tensión identitaria, la imposibilidad de llegar a un acuerdo estable para que Euskadi -y también Cataluña- acepten un marco estable de integración en España. Son secuelas del siglo XIX que se han instalado cómodamente en la época de la globalización.

España, con toda sus crisis, no está en el mejor momento para originar un movimiento centrífugo desde la periferia hacia el centro. Y lo que no aparece como una prioridad puede ser un cáncer para el futuro.

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