Carmen Tomás – Desde el parqué – Vuelta a empezar.


MADRID, 07 (OTR/PRESS)

Hace justo una semana nos las prometíamos felices. La Cumbre de la Unión Europea se saldaba con dos grandes éxitos para España e Italia. El crédito a la banca no influiría en la deuda pública y el nuevo fondo de rescate podría comprar deuda, evitando así la negativa a hacerlo del BCE. El lunes la bolsa subía más de un 5 por ciento y la prima caía de golpe más de 70 puntos. Una semana después, el IBEX ha perdido un 5 por ciento, la prima de riesgo ha cerrado el viernes en 563 y la rentabilidad del bono a 10 años ha tocado de nuevo el 7 por ciento. Así que estamos donde estábamos con el agravante de que Finlandia amenaza con salirse del euro si nos prestan ayuda y junto a otros están dispuestos a vetar los acuerdos de la semana pasada. La cumbre que iba a ser la madre de todas las cumbres, las que iba a resolver la permanencia del euro, se ha desinflado.

El presidente del BCE en su comparecencia del jueves ya enfrió con sus declaraciones el panorama. Casi más por lo que no dijo que por lo que hizo, bajar el precio del dinero. Los mercados esperaban que de alguna manera adelantara que en un futuro estaría ahí para ayudar y dijo todo lo contrario y además exigiendo contrapartidas y ya. El mensaje a Rajoy fue claro: si se hace algo a favor de España tendrá que haber más medidas y más recortes. No anuncios, no palabras, hechos.

La urgencia es, por tanto, máxima. Es vital que Mariano Rajoy, a pesar de las medidas tomadas ya, aclare y detalle en preceptos legales cómo va a cumplir España con el objetivo de déficit este año y el que viene. Mientras, la desconfianza de los mercados seguirá ahí, presionando. Ya sabemos que se quieren reformar muchas cosas, que parece que hay un plan, pero no será suficiente en tanto no sepamos cuáles y cuántas y qué cantidad de euros lograríamos con las medidas que se están cocinando. De esta forma lenta, sólo estamos consiguiendo poner nerviosos a los mercados, cosa que no es difícil, sino también a los españoles y especialmente a los empleados públicos, si al final vuelven a ser los mayores sufridores. Los ciudadanos están desesperanzados y a pesar de que hemos visto buenas cifras de empleo y afiliaciones en junio, nos falta fé y esperanza y optimismo. En definitiva, algún resultado a tanto sacrificio.

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