Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – La gran marcha sobre Madrid


MADRID, 08 (OTR/PRESS)

Qué quiere usted que le diga: a mí no deja de preocuparme el hecho de que, el mismo día y a la misma hora en que Mariano Rajoy estará, suponemos, desvelando algunos de los nuevos recortes y medidas de austeridad que prepara, tratando de que cuadren las cuentas, algunos cientos, quizá miles, de personas se estarán manifestando contra esos recortes y medidas, o al menos contra algunos de ellos. Será el gran momento de una «marcha de los mineros» que significa mucho más que una protesta por el fin de las subvenciones a una minería que los propios trabajadores del sector saben que no tiene futuro económico.

Una parte importante de este país nuestro, habitualmente tan impasible ante la desgracia y ante muchos de los errores que cometen sus representantes públicos, parece al borde del estallido. Muy miope sería, entiendo, limitar la «marcha negra» de los mineros asturianos y leoneses a un problema localizado, a un sector de la producción. La larga marcha sobre Madrid, jaleada por los caminos, animada por no pocos medios y hasta por algunos políticos, incluyendo miembros del partido gobernante, se ha convertido, en el fondo, en un grito de rabia e impotencia ante un estado de cosas que hace que una parte sustancial de los españoles se encuentre en franca depresión, económica y moral.

NO hay sino que ver los resultados de las encuestas, en las que tan malparados salen Gobierno y oposición, para darse cuenta de la preocupación en la que vive una ciudadanía totalmente distanciada de la clase política. No hay sino que escuchar algunos gritos, que comparan las ayudas a Bankia con la falta de ayudas al carbón, para percibir que, si no tienen la razón, si tienen los manifestantes muchas razones para salir a la calle.

Ciertamente duro ha de ser para el gobernante Rajoy enfrentarse, desde el atril del hemiciclo del Congreso de los Diputados y con este panorama, al recuento de lo que habrá de hacer para asumir las exigencias europeas, de los mercados y hasta de las opiniones publicadas en el exterior. Cualquier solución va a ser mala: si sube el IVE, porque los sectores afectados (el turismo, por ejemplo) pondrán, con razón, el grito en el cielo; si no lo sube, las ayudas procedentes de la UE podría retrasarse aún más, si es que llegan finalmente, de lo que ya vienen retrasándose.

Probablemente entre todos, hemos decidido convertir la situación en angustiosa -y yo dudo de que realmente lo sea tanto–, poner en almoneda parte de nuestro patrimonio, incluyendo algunos bienes morales, y lo vamos consiguiendo: la angustia se ha convertido en parte de la idiosincrasia nacional, de ese nacional-pesimismo que invade los sondeos de los periódicos y las cunetas de las carreteras que han traído a los mineros desesperados hasta la corte de lo que no van a ser precisamente milagros. El milagro es que el delicado equilibrio se mantenga y que la madurez de una ciudadanía harta de malas noticias siga evitando brotes de ira que para nada, se una o no -que sí_ el 15 M a la manifestación minera, nos convienen.

Pocas veces un primer ministro habrá tenido ante sí tanta responsabilidad como Mariano Rajoy la tendrá esta semana, cuando acuda con sus papeles a dirigirse a los parlamentarios, es decir, a la nación, teóricamente para informarles, algo tarde por cierto, de lo que ocurrió en la última «cumbre» europea. Y es de suponer, claro, que para anunciarnos a todos, confiemos que esta vez sin «sorpresas» adicionales, lo que nos espera. Muchas veces he dicho y escrito que Mariano Rajoy es hombre de sentido común, independiente hasta donde puede y aparentemente impasible ante el acoso -la gente comenta que está muy pálido y más delgado; es lo menos que puede trascenderle ante lo que debe estar pasando por dentro-.

Pero también he dicho que no está actuando como un estadista, y ahora necesitamos estadistas que hagan recuperar al menos la confianza del electorado. Igualmente se ha repetido que este Gobierno es lo penúltimo que nos queda, y que no hay otro remedio que apoyarlo para que no se caiga. Quizá por eso, insisto en confiar en que el presidente del Ejecutivo del Reino de España sea capaz de emprender un viaje de más altos vuelos que hasta ahora. Y no le quedarán demasiadas oportunidades después de este miércoles, siento decirlo.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído