Antonio Casado – La foto de Compostela.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Los medios de comunicación nacionales no han sido generosos en la difusión del acto celebrado el domingo en Santiago de Compostela por el que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, devolvía entero y verdadero el Código Calixtino (siglo XII) al arzobispo compostelano, Julián Barrio. La parquedad informativa sobre la restitución a la catedral de Santiago de la joya medieval robada hace un año contrasta con la intención de los organizadores, que buscaban un mayor impacto por razones electorales. Sin embargo la «foto» de Rajoy no ha tenido la repercusión esperada.

Si algo así se le hubiera ocurrido al PSOE, cuando los papeles estaban cambiados, el escándalo habría sido mayúsculo. Dicho sea de paso, a propósito de un asunto que ha puesto en evidencia la desidia con la que funciona, o funcionaba, el deber de custodia asignado a la Iglesia respecto al ingente patrimonio histórico-artístico a su cuidado. Incluido el de la emblemática catedral compostelana, un verdadero faro religioso para la Cristiandad española en particular y europea en general.

Se supone que los hombres de Dios no están centrados en trabajos menores como la vigilancia de lo material. Quienes se mueven en torno al templo compostelano no dedicaban demasiado tiempo a verificar el estado del patrimonio ni a visitar el cepillo. Delegaron esos trabajos en personas ordinarias, bastante más sensibles al vil metal. Y pasó lo que pasó con el electricista, Manuel Fernández Castiñeiras, acusado del robo. Desde el viernes está en prisión, junto a su esposa y un hijo de ambos. Los tres estaban al cabo de la calle sobre el paradero del Códice, en un garaje-trastero de la localidad de Milladorio. Se les acusa, asimismo, de apropiarse tacita a tacita de 1.200.000 euros que la policía encontró en el registro al domicilio de los procesados.

Nadie pide a los curas compostelanos que enriquezcan el mester de clerecía con cursos acelerados de contabilidad. O que dediquen menos tiempo a la oración y más al recuento de bienes. Habrá un punto medio en nombre del viejo principio de la división del trabajo. Procede exigir al arzobispo y al Cabildo de la catedral que sean más diligentes en el cuidado, tratamiento y vigilancia de un impagable patrimonio común. Eso no puede estar al albur de un mayordomo infiel o un asistente cabreado.

Y en cuanto a los gobiernos autonómico y nacional, ambos controlados por el PP, bajo la dirección de Núñez Feijoó y Mariano Rajoy, respectivamente, procede señalar la burda instrumentación política del acto de devolución del Códice. Si querían foto, hubiera bastado con la del jefe superior de Policía de Galicia, Jaime Iglesias, entregándole la joya al obispo, o al deán de la catedral. Y punto. De esa forma, el presidente del Gobierno y la amplia comitiva de políticos que le acompañaban se hubieran ahorrado los abucheos, los silbidos y los gritos de «fuera, fuera» oídos a la entrada y la salida del templo de Mariano Rajoy.

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