Cayetano González – Días de julio.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Las importantes citas políticas de esta semana para el futuro de nuestra economía -Eurogrupo, Ecofin, comparecencia del presidente del Gobierno en el Congreso para informar sobre la reciente cumbre de Bruselas; reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera- no debería hacernos olvidar que también en esta semana se cumplirán quince años del asesinato a cámara lenta a manos de ETA del joven concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua, Miguel Angel Blanco.

Todos los crímenes de ETA han sido igual de crueles y de horrendos, y el dolor causado en sus víctimas ha sido el mismo, pero también es verdad que el asesinato de Miguel Angel Blanco tuvo un plus de bestialidad por parte de la banda terrorista al secuestrarle y dar un plazo de cuarenta y ocho horas al Gobierno para que hiciera algo que no podía hacer: ceder al chantaje de ETA y acercar en dos día a todos los presos etarras a las cárceles del País Vasco. Por eso, ese crimen galvanizó de una forma especial a la sociedad española en general y a la vasca en particular, produciéndose una movilización popular como nunca antes había sucedido. Surgió entonces lo que vino en denominarse «el espíritu de Ermua» que no fue otra cosa que la rebelión cívica y democrática ante la barbarie terrorista.

Transcurridos quince años desde aquel asesinato, cabe preguntarse: ¿cómo estamos ahora en la lucha contra ETA? Desgraciadamente hay que responder que aunque la banda terrorista pueda estar muy «tocada» en el terreno operativo, gracias a la impecable labor de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía, sin embargo, en el terreno político, están más fuertes que nunca. La marca de ETA gobierna en la Diputación Foral de Guipúzcoa, en muchos Ayuntamientos del País Vasco y de Navarra -entre ellos el nada desdeñable de San Sebastián- y las expectativas que las encuestas le dan de cara a las próximas elecciones autonómicas en el País Vasco son muy buenas, ya que estarían disputándose el triunfo en dichas elecciones con el PNV.

Es decir, después de 50 años de terror, con 858 asesinatos a sus espaldas, ETA está en disposición de llegar al poder y desde él intentar conseguir aquello por lo que asesinaron a Miguel Angel Blanco y a 857 personas más: la independencia de Euskadi y la consiguiente ruptura con España. Pero no todo está perdido. El Estado de Derecho tiene resortes suficientes para seguir dando la batalla. El problema es que si quienes tienen que activar esos mecanismos están dispuestos a hacerlo. Me estoy refiriendo obviamente al Gobierno de la Nación y al poder judicial. Confieso que visto lo visto en los últimos tiempos, no soy muy optimista al respecto. Pero al menos, a los ciudadanos nos queda el deber de recordar la memoria de esos «héroes» de nuestro tiempo que han sido Miguel Angel Blanco y el resto de las víctimas del terrorismo. No podemos olvidar lo inolvidable.

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