Luis del Val – Palabras y palabrería.


MADRID, 9 (OTR/PRESS)

Los representantes civiles de ETA, legalizados gracias al Tribunal Constitucional que preside Pascual Sala, ya han presentado a los titulares de los departamentos, cuando se hagan con el gobierno vasco, que su revolución, por ahora, sólo es semántica. Así, Agricultura, por ejemplo, pasaría a llamarse Soberanía Alimentaria, que es una denominación muy bonita, donde parece que las judías de Tolosa van a tener tratamiento de Alteza, cosa que creemos merecida. Otros bautismos son más desorientadores. Así a Interior, que trata de ertzainas, delincuentes, presos y cárceles, se le denominará con el ingenioso apelativo de Libertades Ciudadanas. Las crónicas periodísticas serán muy sorprendentes: «agentes de Libertades Ciudadanas apresaron a un peligroso atracador que salía de la sucursal bancaria y lograron reducirle. Tras pasar por el juzgado, los agentes de Libertades Ciudadanas lo llevaron a prisión.

Me da la impresión de que, de la misma manera que los cocineros vascos cambiaron la denominación de los productos, y unas senderuelas a la plancha pasaron a denominarse «hongos al aroma del aceite de berquina sobre un lecho de emulsión de liliácea morada», es probable que el departamento de Salud se denomine «Gudaris Blancos contra la Enfermedad».

Al mismo tiempo, mientras estos días conmemoramos el salvaje asesinato de Miguel Angel Blanco, aquél disparo a la nuca sobre un chico joven, de rodillas y con las manos esposadas, esa acción vergonzosa y bárbara, que ningún miembro de la pandilla abertzale ha tenido cojones de criticar, ETA ha emitido un nuevo comunicado, o puede que sea el mismo comunicado de los últimos años, la misma palabrería, idéntica acusación, similares deseos de ocultar el casi millar de muertos, análoga desmemoria para los más de 200.000 vascos que se tuvieron que marchar de su tierra por las amenazas de los matones, parecidos juegos de palabras para tratar de que los verdugos se conviertan en las víctimas. Con la palabrería pretenden que les estemos agradecidos porque ya no se dedican a matar. Han dejado de ejercer el oficio de asesinos y están muy asombrados de que no nos postremos admirados a sus pies. Y es que los hechos sangrientos no se sepultan con una corona de palabras.

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