Antonio Casado – Hambre atrasada de debate.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

La cuarta oleada de recortes ofrecidos a Bruselas en nombre del rigor fiscal pasó este miércoles por el Congreso de los Diputados, donde el presidente del Gobierno anunció nuevas pruebas de resistencia al sacrificio. Por nuestro bien, según él, se va a recortar el poder adquisitivo de los españoles (subida del IVA), con hachazos específicos a funcionarios, parados y dependientes. Lo demás es tijera pura y dura en administraciones del Estado, sector público en general y otras subidas de impuestos. Se trata de llevar el ajuste hasta los 65.000 millones de euros en los dos años y medio próximos. Un cuadro de aparente sesgo económico y sólo económico. Sin embargo, el pleno convocado en relación con las medidas tomadas en la última cumbre europea, se convirtió en un verdadero debate sobre el estado de la Nación.

Como corresponde al templo de la soberanía nacional, una lista de medidas relacionadas con el ahorro, la eficiencia y la productividad, fue mayoritariamente interpretado por los portavoces parlamentarios en clave estrictamente política. Desde el líder socialista, Rubalcaba, que vio la intervención inicial del presidente Rajoy como un nuevo discurso de investidura, hasta el portavoz del PNV, Josu Erkoreka, que lo comparó con el principio del fin de Zapatero: «Ya tiene usted su 10 de mayo», le dijo, en alusión al pleno de 2010 donde el anterior presidente anunció su famoso «tijeretazo».

Se demostró que los representantes de las distintas fuerzas políticas de base parlamentaria llegaban a este pleno con hambre atrasada de confrontar ideas, recetas, propuestas y opiniones con el Gobierno. Rubalcaba calificó este debate de «excepcional» ya que excepcional era la presencia de Mariano Rajoy en el hemiciclo para explicar sus políticas en relación con la crisis económica y los mandatos de la Unión Europea. A eso se reduce el seguimiento de nuestras constantes vitales porque por Bruselas pasa todo lo que nos pasa, centrado en la guerra contra crisis económica y el estado de nuestras fuerzas.

El cruce entre el presidente del Gobierno y el jefe de filas del principal partido de la oposición solo podía encajar en esas coordenadas, con la consiguiente valoración políticas de los recortes anunciados por Rajoy. Si aparcamos la irrelevante intervención del representante del PP, Alfonso Alonso (irrelevante por previsible y de litúrgico arropamiento del Gobierno), no se puede decir que en esta ocasión Rajoy y Rubalcaba se perdieran en reproches mutuos que no conducen a ninguna parte.

Las cosas están tan mal y son tan duros los sacrificios que se vuelven a reclamar de los ciudadanos que no servirá de mucho el hecho de que Rubalcaba no estuviera especialmente crítico. Fue fiel a su compromiso de hacer una oposición responsable. Se lo reconoció el presidente al constatar que «estamos sustancialmente de acuerdo». Aún así me temo que el resultado de su constructivo cruce con Rajoy no servirá para rescatar a los españoles del desaliento.

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