Fermín Bocos – A la fuerza ahorcan.


MADRID, 11 (OTR/PRESS)

Dice que no le gusta lo que tiene que hacer; reconoce que es lo contrario de lo que había dicho que haría caso de llegar a La Moncloa y admite haber cambiado de criterio sobre el IVA, la subvención a los parados, las pensiones y el sueldo de los funcionarios… pero, aún así, Mariano Rajoy se dispone a subir el IVA (del 18 al 21 por ciento), a reducir la prestación por desempleo (a partir del sexto mes) y también anuncia que retrasará la edad de jubilación. No queda ahí la cosa: a los funcionarios -cuyos salarios ya sufrieron un tajo en la anterior reforma- ahora les quita el aguinaldo, la paga extra de Navidad. Una verdadera enmienda a la totalidad del programa con el que el PP se presentó a las elecciones. Rajoy justifica el cambiazo en razón de la situación límite por la que atraviesan las finanzas del Estado en general y las de los bancos en particular. Gastamos más de lo que ingresamos y lo debemos todo -vino a decir desde la tribuna del Congreso-. Es verdad. Pero unos han gastado más que otros y es precisamente a quienes no se les puede imputar la responsabilidad en los pufos y desajustes bancarios -asalariados, empleados públicos, pensionistas, parados- sobre quienes recaerá el grueso del ajuste de caballo que anuncia el presidente del Gobierno.

Con matices, esta ha sido la línea argumental de la crítica de la oposición (Rubalcaba, Cayo Lara, Rosa Díaz). El portavoz del PSOE, limitado en su potencia de tiro porque Zapatero precedió a Rajoy en algunos de los ajustes y más libres y, por lo tanto más críticos, los otros. Fueron ellos quienes recordaron una evidencia que clama al cielo: se anuncian subidas y recortes cuya monto en términos de recaudación supondrá poco más de la mitad de los 24.000 millones que succionará el rescate de Bankia. Y esa es otra. Porque de la banca y de las prácticas y productos financieros temerarios que desencadenaron el tsunami que se ha llevado por delante casi todo, apenas hubo referencias en el discurso de Mariano Rajoy. La confesión de impotencia que supone admitir que en Bruselas no hubo manera de llegar a un acuerdo para establecer una tasa a las transacciones financieras a corto (algo parecido a la «tasa Tobin»), fue tan elocuente como reveladora.

Reveladora acerca de la identidad de las manos y los intereses que en la Europa del euro están imponiendo políticas y manejando la economía de los países que como España tienen graves problemas, empezando por el más lacerante de todos: cinco millones y medio de parados.

No lo dijo el señor Rajoy con estas palabras, pero el debate sirvió para despejar algunos eufemismos. España está intervenida porque quien paga manda. De ahí las durísimas medidas de ajuste. A la fuerza ahorcan. Es cierto. Lo malo del asunto es que de la soga que se anuncia se van a escapar buena parte de los responsables de la crisis al tiempo que se anuncia que en la lista de «ajusticiables» -vía recortes- figuran gentes y colectivos (funcionarios, parados, pensionistas) que sin haber participado en la fiesta van a tener que pagar la juerga.

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