Entre Andorra y Gibraltar – «España, estado 51 de los Estados Unidos»

Miguel Higueras.-

Los españoles aciertan al dejar en manos de los que no lo son que resuelvan los problemas de España pero se equivocan al pedir ayuda a los europeos y no a los Estados Unidos, el país al que tienen que recurrir los europeos cada vez que se meten en líos.
Una vez convencidos de que gobernarse a sí mismos es una tarea que los supera, los españoles deberían extremar la prudencia al decidir quien debería gobernarlos.
Es difícil, pero no imposible, que encarguen administrar el país a gestores más ineptos que los gobernantes españoles que han arruinado a España.
Aunque no deberían tardar los tres mil años que necesitaron para convencerse de que no saben gobernarse por sí mismos, tampoco deberían precipitarse al escoger amo que los gobierne.
Los españoles han cedido a la Unión Europea la capacidad de decidir las soluciones para los problemas de España y la autoridad para vigilar su cumplimiento.
Es inevitable que quien pida ayuda a un rival se comprometa a evitar lo que, aunque lo beneficie, perjudique al que lo ha ayudado.
Se han precipitado los españoles al recurrir a la Unión Europea para que esos aliados coyunturales y rivales tradicionales de España sean los que la ayuden a salir de los apuros que la agobian.
La Unión Europea sobrevive precariamente como organización gracias al equilibrio circunstancial entre los intereses opuestos de los más poderosos de sus 27 miembros, enemigos unos de otros en la cruel historia del continente.
Tiene la Unión Europea 27 miembros, pero se disputan su orientación Alemania, Francia e Inglaterra.
¿A cual de los tres debe aliarse en cada momento España para sacar más provecho?
Aliarse a los Austrias le costó a España la enemistad de Francia y los pactos de familia con Francia el enfrentamiento con Inglaterra.
En ese inestable equilibrio entre las tres potencias hegemónicas europeas, los 27 socios de la Unión Europea nunca se ponen de acuerdo en nada y, cuando lo hacen, no cumplen lo que acuerdan.
Puede que la oportunidad de influir en España sirva a Inglaterra, Alemania y Francia como pretexto para inclinar a su favor la hegemonía europea.
No sería la primera vez que Francia, Inglaterra y Alemania consideran España un botín por el que merece la pena arriesgar la paz.
¿Provocará la disputa por influir en España una nueva guerra civil europea, parecida a las dos que, en el siglo pasado, se resolvieron con la intervención de los Estados Unidos?
Si los Estados Unidos son el recurso tradicional de los europeos para que resuelvan los conflictos en que se enzarzan, ¿por qué no piden los españoles a los Estados Unidos que sean ellos los que gobiernen España?
Sería una solución tan feliz para España que parece un sueño imposible. Pero no lo es. Para que el sueño se haga realidad:
1.- España debería denunciar el tratado de París de diciembre de 1898 y solicitar una renegociación de sus términos.
2.- España debería proponer y conseguir la refundición de los 17 artículos del tratado de 1898 e uno solo, elaborado con parte de los dos primeros del firmado en 1898.
3.- Ese artículo primero y único del nuevo tratado diría: “ESPAÑA RENUNCIA A TODO DERECHO DE SOBERANIA Y PROPIEDAD” (las nueve primeras palabras del primer artículo firmado en 1898) QUE CEDE A LOS ESTADOS UNIDOS.(seis primeras palabras del segundo artículo).
Con la firma de ese escueto tratado acabaría la agónica decadencia de España y comenzaría la de los Estados Unidos.

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Autor

Miguel Higueras

Miguel Higueras, después de 30 años de informar sin opinar, al periodista Miguel Higueras le ha llegado la hora de la revancha: la de opinar sin informar.

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