Fermín Bocos – El sablazo.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

¡Qué razón tenía Baltasar Gracián cuando dejó escrito que somos esclavos de nuestras palabras y sólo dueños de nuestros silencios¡ Estoy seguro de que las palabras del lúcido jesuíta aragonés no han dejado de retumbar en la cabeza del Presidente del Gobierno desde que el miércoles por la mañana, en el Congreso, entre otros palos destinados a las sufridas clases medias, anunció la subida de varios puntos en el IVA.

«La subida del IVA es el sablazo que un mal gobernante le pega a todos sus compatriotas que ya están muy castigados por la crisis. Un gobernante que, tras fracasar en sus planes, ahora pretende que lo pague el conjunto de los españoles»- había dicho hacía unos meses cuando era el líder de la oposición y criticaba a Rodríguez zapatero por subir este impuesto. Tenía razón. Es un impuesto que grava el consumo, y en la práctica supone una rebaja indirecta del salario de los trabajadores porque resta poder de adquisición, según dejó dicho, también con precisión, María Dolores de Cospedal, por aquel entonces y también ahora, secretaria general del PP.

¿Qué es lo que ha cambiado para que uno y otra digan ahora lo contrario de lo que decían cuando estaban en la oposición? Pues, esencialmente eso: que ahora gobiernan y cuando se está en el poder entra en vigor lo que podríamos llamar la «doctrina Tierno Galván» -las promesas electorales -decía aquél brillante cínico que fue alcalde de Madrid- se hacen para incumplirlas.

Y en eso estamos, ante un sablazo en la doble acepción del término: de tajo y de timo. Tajo porque el incremento del IVA nos empobrece, al encarecer el coste de productos y servicios básicos hecho que supone una merma real de poder adquisitivo; y también timo, en este caso timo político, por lo que supone de engaño a los ciudadanos. Sobre todo a quienes votaron al PP convencidos de que Mariano Rajoy, como tantas veces le oímos decir, era un hombre «previsible» y, por lo tanto, de palabra fiable. Siento decirlo, pero sus hecho recientes, desmienten aquél proclamado (y encomiable) rasgo de personalidad. A la postre, en estos premiosos primeros compases de su mandato lo que está acreditando es que se comporta como un político del montón; uno más de los que cuando sentencian y se comprometen a cumplir algo hay que ponerlo en cuarentena a la espera del discurrir de los acontecimientos. Desde luego, ha dejado de ser previsible y eso, en política, siempre es inquietante.

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