Rafael Torres – Al margen – La política de la indignidad.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Podría ser sólo, aun siendo ello muy grave, incompetente, pero el Gobierno de Mariano Rajoy se está revelando también indigno de dirigir la política española, que en sus manos no es otra que la de arruinar a los españoles para, con el producto de ese masivo despojo, contentar a los prestamistas alemanes, belgas u holandeses que tanto contribuyeron, sedientos de lucro, a la locura de la burbuja inmobiliaria, y que hoy se niegan a compartir los perjuicios de su estallido. Pero la indignidad va más lejos y es más profunda: esos aplausos y esos vítores desde las bancadas del PP a cada hachazo que propinaba el jefe del Ejecutivo a la justicia social, y ese «¡Que se jodan!» escupido por la diputada Andrea Fabra, hija de Fabra, cuando Rajoy anunció el recorte de las míseras prestaciones a los trabajadores en paro.

El Gobierno y quienes lo sustentan, esto es, la cerrada y excluyente comunidad de intereses que representa, ha cruzado, con la ligereza que les caracteriza, la línea de lo que la ciudadanía puede soportar: el maltrato de palabra como colofón al maltrato de obra. Cruzando esa línea de la cordura, del respeto y de la decencia, el Gobierno se planta jaque y retador frente a los ciudadanos españoles, señalándoles imperativa y brutalmente dónde se halla de nuevo cada uno, en la ubicación clásica española de pobres, ricos y nada en medio. Y sin rechistar. Ahí está su delegada en Madrid, advirtiendo que el que se manifiesta en la calle es un antisistema en potencia y que tiene una buena ración de palos para repartir entre ellos. Así las cosas, lo más probable es que la gente se haga antisistema en masa, pues, en puridad, se trata de un sistema abusador, necio y miserable.

Los ultrajes iban siendo muchos, pero ya son demasiados: Rosell, el de la CEOE, culpa de todo a la llegada de los inmigrantes, de los mismos que una parte del empresariado que representa se hinchó a explotar para arrancarles hasta el último adarme de su plusvalía, y la Reina acude a Lorca no para inaugurar su reconstrucción, que no se ha hecho, sino un emporio de relax para ricos, un lujoso Parador de Turismo. Los estafados por la gubernamental Bankia siguen sin recuperar sus ahorros, los mineros son ultrajados, se miserabiliza a los funcionarios, y la Educación y la Sanidad públicas siguen desplome imparable. ¿Que se jodan? ¿Y si la gente no quiere?

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